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	<title>Navidad Archives - Thomas S. Monson</title>
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	<description>Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días</description>
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		<title>Citas de Thomas Monson sobre la Navidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guest Author]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Sep 2010 23:17:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Citas]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Thomas S. Monson es el presidente y profeta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros son a veces informalmente llamados mormones.  En esta pequeña colección de citas, él nos recuerda el verdadero espíritu de la Navidad, que no se trata de recibir regalos, sino de recordar al Salvador, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2010/09/mormon-Temple-300x240.jpg"><img decoding="async" class="size-thumbnail wp-image-169 alignright" title="Templos Mormona" alt="Templos Mormona" src="https://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2010/09/mormon-Temple-300x240-150x150.jpg" width="135" height="135" /></a>Thomas S. Monson es el presidente y profeta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros son a veces informalmente llamados mormones.  En esta pequeña colección de citas, él nos recuerda el verdadero espíritu de la Navidad, que no se trata de recibir regalos, sino de recordar al Salvador, Jesucristo, y rendir homenaje a Su regalo para nosotros.<span id="more-168"></span></p>
<p><strong>El dar, no el recibir</strong></p>
<p>El dar, no el recibir, hace florecer plenamente el espíritu de la Navidad.  Se perdona a los enemigos, se recuerda a los amigos y se obedece a Dios.  El espíritu de la Navidad ilumina la ventana panorámica del alma por la que contemplamos la vida agitada del mundo y nos hace interesarnos más por las personas que por los objetos. Para comprender el verdadero significado del “espíritu de la Navidad”, sólo tenemos que recordar de quién es el nacimiento que celebramos ese día y entonces se convierte en el “Espíritu de Cristo”.</p>
<p>Si tenemos el espíritu de la Navidad, recordamos a Aquel cuyo nacimiento conmemoramos en esta época del año.  Con la imaginación, contemplamos aquella primera Navidad predicha por los profetas de la antigüedad.  Así como yo, ustedes recordarán las palabras de Isaías: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” <a href="http://scriptures.lds.org/es/isa/7/14">4</a>, que significa “Dios con nosotros”.</p>
<p>En el continente americano, los profetas dijeron: “Porque he aquí que viene el tiempo, y no está muy distante, en que con poder, el Señor Omnipotente… morará en un tabernáculo de barro… sufrirá tentaciones, y dolor… Y se llamará Jesucristo, el Hijo de Dios”.</p>
<p>Entonces llegó aquella noche de noches en que los pastores se hallaban en los campos y el ángel del Señor apareció ante ellos, anunciándoles el nacimiento del Salvador.  Más adelante, los magos viajaron desde el Oriente hasta Jerusalén, “diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle…</p>
<p>“Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.  “Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”.</p>
<p>Los tiempos cambian; los años pasan en rápida sucesión; pero la Navidad continúa siendo sagrada.  En esta maravillosa dispensación de la plenitud de los tiempos, las oportunidades que tenemos de dar parte de nosotros mismos son verdaderamente ilimitadas, pero también son perecederas.  Hay corazones que alegrar, palabras bondadosas que expresar, regalos que dar, buenas acciones que llevar a cabo. Hay almas que salvar.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/LI_2008_12___02292_002_000.pdf">La mejor de las Navidades</a>”, <em>Liahona</em>, diciembre de 2008, págs. 2–6<strong>Mi Tesoro literario de Navidad</strong></p>
<p>En esta época del año, mi familia sabe que volveré a leer mi tesoro literario de Navidad y a meditar en las maravillosas palabras de sus escritores.  El primero será el Evangelio de Lucas, en concreto el relato de la Natividad.  Después leeré <em>Canción de Navidad</em>, de Charles Dickens, y por último, “<em>The Mansion” </em>(<em>La mansión</em>), de Henry Van Dyke.</p>
<p>Siempre que leo esos libros inspirados, tengo que enjugarme las lágrimas, ya que me conmueven profundamente, como ocurrirá con ustedes.</p>
<p>Dickens escribió: “Siempre he considerado la Navidad, al llegar esa época… como un tiempo especial: un tiempo agradable de bondad, perdón y caridad; la sola época en el largo calendario del año en que hombres y mujeres, por acuerdo común, parecen abrir libremente sus corazones y consideran a los que son sus inferiores como si en verdad fuesen compañeros hasta la tumba, y no como otra raza encaminada hacia otras jornadas”.</p>
<p>En su obra ya clásica, <em>Canción de Navidad</em>, el ahora arrepentido personaje de Dickens, Ebenezer Scrooge, declara finalmente: “Honraré la Navidad en mi corazón y trataré de conservar su espíritu durante todo el año.  Viviré en el pasado, el presente y el futuro; el espíritu de los tres permanecerá en mi interior y no desecharé las lecciones que tienen para mí”.</p>
<p>Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que fue sobrecargado con “dolores, experimentado en quebranto”10, habla a todo corazón atribulado y le concede el don de la paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.  No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/Dec2003Liahona002.pdf">Los regalos de la Navidad</a>”, <em>Liahona, diciembre de</em> 2003, pág. 2–5</p>
<p><strong>La Navidad es profecía cumplida</strong></p>
<p>En la víspera de Su nacimiento, la voz del Señor vino a Nefi, diciendo: «Alza la cabeza y sé de buen ánimo, pues he aquí, ha llegado el momento; y esta noche se dará la señal, y mañana vengo al mundo para mostrar al mundo que he de cumplir todas las cosas que he hecho declarar por boca de mis santos profetas».</p>
<p>¿Qué declararon los santos profetas de antaño? Más de 700 años antes del nacimiento de Cristo, Isaías profetizó: «Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel».</p>
<p>En el continente americano, el rey Benjamín dijo: «Porque he aquí que viene el tiempo, y no está muy distante, en que con poder, el Señor Omnipotente&#8230; morará en un tabernáculo de barro&#8230; sufrirá tentaciones, y dolor&#8230; Y se llamará Jesucristo, el Hijo de Dios, el Padre del cielo y de la tierra, el Creador de todas las cosas desde el principio; y su madre se llamará María».</p>
<p>Entonces llegó la más importante de las noches en que los pastores velaban en los campos y se les apareció el ángel del Señor, anunciándoles: «&#8230;No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo&#8230; que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor».</p>
<p>Los pastores fueron deprisa al pesebre a tributar honores a Cristo el Señor. Más tarde, viajaron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: «&#8230;¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle&#8230; Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.  Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra».</p>
<p>Desde aquel entonces, el espíritu de dar obsequios ha estado presente en la mente de cada cristiano al conmemorar la época de la Navidad.  Nuestro Padre Celestial nos dio a Su Hijo Jesucristo; ese precioso Hijo nos dio Su vida, la Expiación, y la victoria sobre la tumba.</p>
<p>¿Qué daremos, ustedes y yo, este año para la Navidad? Que en nuestra vida obsequiemos a nuestro Señor y Salvador el don de la gratitud al vivir Sus enseñanzas y seguir Sus pasos. De Él se dijo que «anduvo haciendo bienes»8. Al emular Su ejemplo, gozaremos del espíritu de la Navidad.</p>
<p>Thomas S. Monson, “¿Qué es la Navidad?”, <em>Liahona</em>, diciembre de 1998, pág. 3</p>
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		<title>Historias navideñas de Thomas S. Monson</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guest Author]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Sep 2010 22:58:07 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Thomas S. Monson, presidente de la Iglesia Mormona, comparte dos inspiradoras historias sobre la Navidad de las personas que estaban más interesadas en dar que en recibir.  Estas historias nos pueden ayudar a centrarnos en el verdadero significado de la Navidad, como un tiempo para dar como Jesús dio, y para poner las necesidades de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://es.elds.org/es-thomasmonson-com/files/2010/09/mormon-lds-church.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright size-full wp-image-846" alt="mormon-lds-church" src="https://es.elds.org/es-thomasmonson-com/files/2010/09/mormon-lds-church.jpg" width="308" height="246" srcset="https://es.thomasmonson.com/files/2010/09/mormon-lds-church.jpg 720w, https://es.thomasmonson.com/files/2010/09/mormon-lds-church-300x240.jpg 300w" sizes="(max-width: 308px) 100vw, 308px" /></a>Thomas S. Monson, presidente de la Iglesia Mormona, comparte dos inspiradoras historias sobre la Navidad de las personas que estaban más interesadas en dar que en recibir.  Estas historias nos pueden ayudar a centrarnos en el verdadero significado de la Navidad, como un tiempo para dar como Jesús dio, y para poner las necesidades de otros por encima de las nuestras, incluso con grandes sacrificios.</p>
<p>En el siglo pasado, a principios de los años 30, Margaret Kisilevich y su hermana Nellie dieron un regalo de Navidad a sus vecinos, la familia Kozicki, que éstos recordaron por el resto de su vida y que llegó a ser una inspiración para todos los miembros de esa familia.</p>
<p>En esa época, Margaret vivía en Two Hills, Alberta, Canadá, una comunidad de granjeros poblada en su mayor parte por inmigrantes ucranianos y polacos, que generalmente tenían familias grandes y eran muy pobres. Eran los tiempos de la gran depresión económica.<span id="more-167"></span></p>
<p>La familia de Margaret consistía de sus padres y los quince hijos de ambos. La madre era una mujer industriosa y el padre era un hombre emprendedor, y con todos aquellos hijos formaban un buen equipo de trabajadores; por consiguiente, su hogar estaba siempre tibio en el invierno y, a pesar de su humilde situación, nunca pasaban hambre.  En el verano cultivaban un enorme huerto, hacían chucrut [repollo fermentado], requesón, crema agria y encurtidos para hacer intercambio.  También criaban aves, cerdos y ganado para consumo. Tenían poco dinero, pero podían cambiar todos esos productos por otros artículos que ellos no producían.</p>
<p>La madre de Margaret tenía unos amigos con los cuales había emigrado de su país; éstos eran propietarios de una tienda de artículos generales, la que se convirtió en un depósito donde la gente del lugar donaba o trocaba ropa, zapatos, etc., de segunda mano.  Muchos de esos artículos pasaron a la familia de Margaret.</p>
<p>Los inviernos en Alberta eran fríos, largos y rigurosos; durante uno de ésos, Margaret y su hermana Nellie notaron la pobreza de sus vecinos, la familia Kozicki, que vivían en una granja a pocos kilómetros.  Cuando el padre de esta familia llevaba a los hijos a la escuela en su trineo hecho en casa, siempre entraba en el edificio para calentarse junto a la estufa antes de regresar a casa.  El calzado de la familia consistía en trapos y bolsas de arpillera que cortaban en tiras y con las que se envolvían las piernas y los pies; después las rellenaban de paja y las ataban con un cordel.</p>
<p>Las dos niñas decidieron invitar, por medio de los niños, a la familia Kozicki para la cena de Navidad; también se pusieron de acuerdo en no hablar de la invitación con nadie de su familia.</p>
<p>Llegó la mañana de Navidad y todos estaban muy ocupados en los preparativos para el banquete del mediodía.  La noche anterior habían puesto en el horno el enorme trozo de cerdo para asar; con anticipación, ya se habían preparado los rollos de repollo, las rosquillas, los bollos de ciruela y una bebida especial de azúcar acaramelada; para completar el menú, había chucrut, encurtidos y hortalizas surtidas. Margaret y Nellie estaban a cargo de preparar las hortalizas frescas, y la madre les preguntó varias veces por qué pelaban tantas papas, zanahorias y remolachas, pero ellas se limitaron a seguir pelando sin decir nada.</p>
<p>El padre fue el primero en notar el trineo tirado por caballos y lleno con trece personas que llegaba por el camino.  Puesto que le gustaban mucho todos los caballos, era capaz de reconocerlos a gran distancia. “¿Por qué vienen para acá los Kozicki?”, le preguntó a la esposa, y ésta contestó: “No lo sé”.</p>
<p>Una vez que llegaron, el papá de Margaret ayudó al señor Kozicki a poner los animales en el establo, y la esposa de éste abrazó a la mamá de Margaret y le agradeció el que los hubieran invitado para Navidad.  Luego todos entraron en la casa y las festividades comenzaron.</p>
<p>Los adultos comieron primero; a continuación, se lavaron los platos y cubiertos y los niños comieron en turnos.  Fue un festín magnífico que se hizo mejor por haberlo compartido.  Después de que todos terminaron de comer, cantaron villancicos y otras canciones de Navidad, tras lo cual los adultos se sentaron otra vez a conversar.</p>
<p>Margaret y Nellie llevaron a los niños al dormitorio y sacaron de debajo de la cama varias cajas llenas de ropa y calzado de segunda mano que los comerciantes amigos de su madre les habían regalado.  A esto siguió un celestial desorden, con un desfile de moda espontáneo mientras cada uno elegía la ropa y el calzado que más le gustaba.  Hicieron tanto alboroto que el padre de Margaret fue a averiguar a qué se debía todo ese ruido.  Al ver la felicidad de sus hijas y el regocijo de los niños de los Kozicki con sus ropas “nuevas”, sonrió y les dijo: “Sigan divirtiéndose”.</p>
<p>A primera hora de la tarde, antes de que se pusiera muy frío y oscuro con la puesta de sol, la familia de Margaret despidió a sus amigos, que se fueron bien alimentados, bien vestidos y bien calzados.</p>
<p>Margaret y Nellie nunca contaron a nadie sobre su invitación a los Kozicki y el hecho permaneció en secreto hasta 1998, cuando al celebrar su Navidad número setenta y siete, Margaret Kisilevich Wright lo contó por primera vez a su familia, comentando que aquella había sido la mejor Navidad de su vida.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/LI_2008_12___02292_002_000.pdf">La mejor de las navidades</a>”, <em>Liahona</em>, diciembre de 2008, págs. 2–6</p>
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