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	<title>Paz Archives - Thomas S. Monson</title>
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	<description>Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días</description>
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		<title>Citas de Thomas S. Monson acerca de las familias</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guest Author]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Mar 2011 04:55:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Citas]]></category>
		<category><![CDATA[Discursos]]></category>
		<category><![CDATA[familia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La vida familiar es un aspecto central del plan de Dios para nosotros. En un buen hogar, los hijos aprenden a vivir una vida cristiana y los preparan para una adultez productiva y significativa. Las personas que ponen a su familia primero encuentran que sus vidas están llenas con más significado que lo que ellos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La vida familiar es un aspecto central del plan de Dios para nosotros. En un buen hogar, los hijos aprenden a vivir una vida cristiana y los preparan para una adultez productiva y significativa. Las personas que ponen a su familia primero encuentran que sus vidas están llenas con más significado que lo que ellos podrían encontrar en un estilo de vida tipo yo-primero. A continuación mencionamos algunos pensamientos de Thomas Monson, profeta mormón, sobre las familias y la vida familiar.<span id="more-403"></span></p>
<p><strong>El hogar como una fuente de paz</strong></p>
<p><a href="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2011/03/mormon-family-300x240.jpg"><img decoding="async" class="alignright size-full wp-image-404" title="familia mormona" alt="familia mormona" src="https://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2011/03/mormon-family-300x240.jpg" width="300" height="240" /></a>Cuando la tormenta azota los mares de la vida, el marinero sabio busca un puerto de paz. La familia, como tradicionalmente la hemos conocido, es dicho refugio seguro.</p>
<p>“El hogar es la base para una vida recta y no hay nada que pueda suplantarlo ni cumplir sus funciones esenciales”. En realidad, el hogar es mucho más que una casa. La casa se construye de madera, ladrillo y piedra. El hogar consiste de amor, sacrificio y respeto. Una casa puede ser un hogar, y éste puede ser un refugio cuando alberga a una familia. Cuando los verdaderos valores y las virtudes básicas son el fundamento de las familias que constituyen la sociedad, la esperanza vencerá a la desesperación, y la fe triunfará sobre la duda.</p>
<p>Tales valores, al enseñarse y vivirse en nuestras familias, serán como la ansiada lluvia para la tierra seca; se engendrará el amor; se realzará la lealtad a uno mismo y se fomentarán virtudes como el carácter, la integridad y la bondad. La familia debe ocupar su lugar primordial en nuestro modo de vida, ya que es el único cimiento sobre el que una sociedad de seres humanos responsables puede edificar el futuro mientras mantiene los valores que tanto aprecia en el presente.</p>
<p>Hay diversos tipos de hogares felices. Algunos son familias con padre, madre, hermanos y hermanas que viven juntos en un espíritu de amor. Otras consisten en un padre soltero con uno o dos hijos, mientras que otros hogares no tienen más que un inquilino. Sin embargo, existen algunos elementos particulares de un hogar feliz, sin importar el número ni el tipo de integrantes de la familia. Estos elementos son los siguientes:</p>
<p>La costumbre de orar.</p>
<p>Una fuente de aprendizaje.</p>
<p>Un legado de amor.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-174-26,00.html">Día de dedicación</a>”, <em>Liahona</em>, enero de 2001, págs. 77–79</p>
<p><strong>Las familias como la esperanza de la sociedad para el futuro</strong></p>
<p>El lugar que ocupan los padres en el hogar y en la familia es de primordial importancia cuando examinamos nuestra responsabilidad personal al respecto. Un grupo de distinguidas personas se reunió en una conferencia para analizar las razones del incremento de la violencia, particularmente entre la juventud. Algunas de sus observaciones pueden ayudarnos a medida que examinamos nuestras prioridades:</p>
<p>“Una sociedad que contempla la violencia como un entretenimiento&#8230; no debiera sorprenderse cuando la violencia insensata destroza los sueños de sus ciudadanos más jóvenes e inteligentes&#8230;</p>
<p>“&#8230;El desempleo y el desaliento pueden conducirnos a la desesperanza, pero la mayoría de la gente no cometerá actos desesperados si se le enseña que la dignidad, la honradez y la integridad son más importantes que la venganza y el enojo, y si entiende que el respeto y la bondad ofrecerán al final una mejor oportunidad para el éxito&#8230;</p>
<p>“Las mujeres de esa conferencia sobre la prevención de la violencia hallaron la solución, la única solución capaz de rectificar la trayectoria hacia la conducta cada vez más destructiva y el dolor: el retorno a los valores familiares de antaño”6.</p>
<p>Con demasiada frecuencia creemos equivocadamente que nuestros hijos necesitan más cosas materiales, cuando en realidad en silencio nos imploran que pasemos más tiempo con ellos. La acumulación de bienes o la multiplicación de nuestras posesiones contradice las enseñanzas del Maestro:</p>
<p>“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; “sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.</p>
<p>“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”7.</p>
<p>Una noche observé a un gran número de padres e hijos en Salt Lake City que iban de camino a un centro de entretenimiento para asistir a una representación de la obra “La bella y la bestia”. Detuve mi automóvil a un costado de la calle para contemplar aquella alegre multitud. Los padres, que indudablemente se dejaron persuadir para acudir al lugar, llevaban de la mano a sus preciados niños. Aquello era el amor en acción, un tácito mensaje de interés genuino, una reorganización del tiempo para satisfacer una prioridad a la manera de Dios.</p>
<p>En verdad, la paz reinará victoriosa una vez que mejoremos de acuerdo con el modelo que nos ha enseñado el Señor. Entonces podremos apreciar el profundo sentido espiritual de las sencillas palabras del familiar himno: “Oh que grato todo es cuando del hogar el amor el lema es&#8230;”.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://lds.org/churchmagazines/3-2004-Liahona002/Mar2004Liahona002.pdf">La búsqueda de la paz</a>,” <em>Liahona</em>, Mar 2004, págs. 3–7</p>
<p><strong>Happiness is Found at Home</strong></p>
<p>La felicidad no consiste en la abundancia del lujo, el concepto del mundo de “pasarlo bien”; ni debemos buscarla en lugares lejanos y exóticos. La felicidad se encuentra en el hogar.</p>
<p>Todos recordamos el hogar de nuestra infancia. Es interesante que nuestros  pensamientos no reparen en si la casa era grande o pequeña, en si el vecindario era elegante o pobre, sino que nos regocijamos con las vivencias de lo que pasamos en familia. El hogar es el laboratorio de nuestra vida y lo que aprendamos en él determinará en gran medida lo que hagamos cuando abandonemos el techo paterno.</p>
<p>La señora Margaret Thatcher, que fue la primera ministra de Gran Bretaña, expresó esta profunda filosofía: “La familia es el material con el que se edifica la sociedad; es una guardería, una escuela, un hospital, un centro recreativo, un lugar de refugio y de descanso; abarca toda la sociedad; moldea nuestras creencias; es la preparación para el resto de nuestra vida”.</p>
<p>“El hogar es donde está el corazón”. “Hay que vivir en una casa largo tiempo para hacer de ésta un hogar”. “¡Hogar, dulce hogar!… Aunque sea humilde, no hay como el  hogar”. Dejamos de pensar en tan agradables recuerdos, y meditamos en nuestros padres ya fallecidos, en los hermanos ya grandes, en la infancia desaparecida. Lenta pero  ciertamente enfrentamos la certeza de que somos responsables del hogar que edificamos; tenemos que edificarlo con prudencia puesto que la eternidad no es un viaje corto. Habrá calma y viento, sol y sombra, alegría y dolor; pero si en verdad nos esforzamos, nuestro hogar puede ser un pedacito de cielo en la tierra. Lo que pensamos, lo que hacemos, la forma en que vivimos influye no  sólo en el éxito de nuestra jornada terrenal, sino que traza el camino a nuestras metas eternas.</p>
<p>En 1995, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles hizo pública una proclamación al mundo concerniente a la familia. Esta proclamación declara:</p>
<p>“Hay más posibilidades de lograr la felicidad en la vida familiar cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo. Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y mantienen sobre los principios de la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y las actividades recreativas edificantes”</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://lds.org/churchmagazines/Oct2001Liahona002.pdf">Distintivos de un hogar feliz</a>” <em>Liahona</em>, octubre de 2001, pág. 3</p>
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		<title>Thomas S. Monson sobre la paz</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Guest Author]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 17:53:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Discursos]]></category>
		<category><![CDATA[Paz]]></category>
		<category><![CDATA[paz mundial]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La paz, en el mundo espiritual, se refiere a un proceso de perfeccionamiento interno, no político.  A continuación, encontrará los pensamientos de Thomas S. Monson sobre cómo podemos obtener la paz personal. La paz mundial La paz mundial, aunque es un objetivo encomiable, sólo es el fruto de la paz individual que todos queremos obtener. [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La paz, en el mundo espiritual, se refiere a un proceso de perfeccionamiento interno, no político.  A continuación, encontrará los pensamientos de Thomas S. Monson sobre cómo podemos obtener la paz personal.</p>
<p><strong>La paz mundial </strong></p>
<p><a href="http://es.elds.org/es-thomasmonson-com/files/2010/12/christus-jesus-christ-mormon.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright size-full wp-image-796" alt="christus-jesus-christ-mormon" src="https://es.elds.org/es-thomasmonson-com/files/2010/12/christus-jesus-christ-mormon.jpg" width="302" height="241" srcset="https://es.thomasmonson.com/files/2010/12/christus-jesus-christ-mormon.jpg 640w, https://es.thomasmonson.com/files/2010/12/christus-jesus-christ-mormon-300x240.jpg 300w" sizes="(max-width: 302px) 100vw, 302px" /></a>La paz mundial, aunque es un objetivo encomiable, sólo es el fruto de la paz individual que todos queremos obtener.  Y no me refiero a la paz que promueve el hombre, sino a la paz que Dios promete.  Hablo de la paz en nuestros hogares, la paz en nuestro corazón, la paz en nuestra vida personal.  La paz forjada por el hombre es efímera.  La paz de Dios es imperecedera.  Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/3-2004-Liahona002/Mar2004Liahona002.pdf">La búsqueda de la paz</a>”, Liahona, marzo de 2004, pág. 3-7.</p>
<p><strong>La paz a través del Salvador</strong></p>
<p>Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que fue sobrecargado con “dolores, experimentado en quebranto”, habla a todo corazón atribulado y le concede el don de la paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.  No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”<span id="more-90"></span></p>
<p>Él envía Su palabra por conducto de miles de misioneros que sirven a lo largo y ancho del mundo proclamando Su Evangelio de buenas nuevas y de paz.  Las desconcertantes preguntas, tales como: “¿De dónde vengo? ¿Qué propósito tiene mi existencia? ¿Adónde voy después de morir?” tienen respuesta a través de esos siervos especiales.  La frustración huye, la duda desaparece y la incertidumbre se desvanece cuando la verdad se imparte con convicción, a la vez que con un espíritu de humildad, por aquellos que han sido llamados a servir al Príncipe de paz, el Señor Jesucristo.  Su don se confiere de forma individual: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él”. Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/Dec2003Liahona002.pdf">Los regalos de la navidad</a>”, Liahona, diciembre de 2003, pág. 2.</p>
<p><strong>El camino a la paz en el mundo</strong></p>
<p>En un mundo en el que la paz es motivo de ansiedad universal, a menudo nos preguntamos por qué la violencia recorre nuestras calles, por qué se producen tantos asesinatos y homicidios que colman las columnas periodísticas, por qué hay tantas discordias y conflictos familiares que atentan contra la santidad del hogar y ahogan la tranquilidad de tantas vidas.</p>
<p>Quizás nos apartamos del sendero que conduce a la paz, sólo para descubrir que es menester efectuar una pausa para meditar y reflexionar acerca de las enseñanzas del</p>
<p>Príncipe de paz, y nos propongamos entonces adoptarlas en nuestros pensamientos y hechos, y vivir conforme a una ley superior, andar por caminos más excelentes y ser mejores discípulos de Cristo.</p>
<p>La devastación que el hambre provoca en África, las brutalidades del odio en Oriente</p>
<p>Medio y las contiendas raciales en todo el globo nos recuerdan que la paz que anhelamos no se consigue sin esfuerzo y determinación.  El odio, la ira y la contención son enemigos difíciles de controlar.  En su ataque asolador, estos enemigos ocasionan inevitablemente lágrimas de pesar, la aflicción que resulta del antagonismo y la destrucción de las esperanzas.  Su influencia se extiende no solamente a los campos de batalla sino que también se observan a menudo en los hogares y en los corazones.  Muchos olvidan demasiado pronto y recuerdan demasiado tarde el consejo del Señor, que dice: “&#8230;no habrá disputas entre vosotros&#8230;</p>
<p>“Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros.</p>
<p>“He aquí, ésta no es mi doctrina, agitar con ira el corazón de los hombres, el uno contra el otro; antes bien mi doctrina es ésta, que se acaben tales cosas”.  Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/3-2004-Liahona002/Mar2004Liahona002.pdf">La búsqueda de la paz</a>” Liahona, marzo de 2004, pág. 3.</p>
<p><strong>La paz en los problemas personales</strong></p>
<p>Madres y padres que esperan ansiosos la llegada de un anhelado bebé a veces se enteran de que la criatura no se encuentra bien; se enfrentan a un cuerpecito que carece de un miembro, cuyos ojos no ven, que ha sufrido daño cerebral o que padece el llamado “síndrome de Down”, y se quedan confusos, llenos de dolor, buscando a tientas una esperanza.</p>
<p>Entonces se produce el inevitable sentimiento de culpabilidad, las acusaciones por descuido y las preguntas de siempre: “¿Por qué una tragedia así en nuestra familia?”, “¿Por qué no hice que se quedara en casa?”, “¡Si no hubiera ido a esa fiesta!”, “¿Cómo pudo suceder eso?”, “¿Dónde estaba Dios?”, “¿Dónde estaba el ángel guardián?”.  El “si”, el “por qué”, el “dónde”, el “cómo”—esas palabras recurrentes— no devuelven al hijo perdido, no otorgan al cuerpo la perfección, ni hacen realidad los planes de los padres ni los sueños de la juventud.  Ni la autocompasión, ni el aislamiento ni la profunda desesperación pueden brindar la paz, la tranquilidad y la ayuda que se necesitan.  En cambio, debemos seguir adelante, mirar hacia lo alto, avanzar y elevarnos hacia lo celestial.</p>
<p>Es imperativo que reconozcamos que lo que nos ha pasado también ha sucedido a otras personas. Ellas se han sobrepuesto y nosotros debemos hacerlo también. No estamos solos; la ayuda de nuestro Padre Celestial está a nuestro alcance. Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/7-2004-Liahona002/Jul2004Liahona002.pdf">Milagros de fe</a>”, Liahona, julio de 2004, pág. 4.</p>
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