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	<title>Thomas S. Monson</title>
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	<description>Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días</description>
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		<title>Thomas S. Monson habla sobre los maestros</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 21:38:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Maestros]]></category>

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		<description><![CDATA[Los mormones son completamente partidarios de la educación tanto secular como religiosa.  Ellos animan a las personas a adquirir toda la educación que puedan, no solo en la infancia, sino durante toda la vida.  Ya sea que la educación sea formal o informal, el maestro tiene un rol valioso en la sociedad de la Iglesia.  [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.losmormones.org/" class="internal_link_tool_los mormones">Los mormones</a> son completamente partidarios de la educación tanto secular como religiosa.  Ellos animan a las personas a adquirir toda la educación que puedan, no solo en la infancia, sino durante toda la vida.  Ya sea que la educación sea formal o informal, el maestro tiene un rol valioso en la sociedad de la Iglesia.  A continuación, algunos pensamientos del presidente Thomas S. Monson sobre el maestro, y algunas memorias de los maestros que él ha conocido.</p>
<p>La Iglesia siempre ha tenido particular interés en la educación pública y exhorta a sus miembros a participar en cualquier actividad que tenga como fin mejorar la educación de nuestros niños y jóvenes.</p>
<p><span id="more-131"></span></p>
<p>No hay nadie más importante en la enseñanza pública que el maestro que tiene la oportunidad de amar, enseñar e inspirar a los niños y jóvenes, deseosos de aprender.  El presidente David O. McKay dijo: “El magisterio es la profesión más noble del mundo.  La estabilidad y la pureza del hogar, así como la seguridad y permanencia de una nación dependen de la educación apropiada de nuestros niños y jóvenes.  Los padres dan al niño la vida; el maestro lo capacita para vivirla bien” (David O. McKay, <em>Gospel Ideáis, </em>Salt Lake City: Improvement Era, 1953, pág. 436).  Confío en que reconozcamos su importancia y su misión vital, proveyéndoles las condiciones apropiadas para su labor, los mejores libros y sueldos que demuestren la gratitud y confianza que nos inspiran.</p>
<p>Todos recordamos con afecto a los maestros de nuestra niñez y juventud.  Siempre me pareció gracioso que mi maestra de música fuera la señorita Bemoles.  Tenía la habilidad de inculcar en sus alumnos el amor a la música y nos enseñó a reconocer los instrumentos por el sonido.  Recuerdo muy bien la influencia de Ruth Crow, nuestra maestra de higiene. Aunque eran los días de la depresión económica, ella se ocupó de que todos los alumnos del sexto grado tuviéramos una gráfica del cuidado dental; personalmente se ocupaba de que todos tuviéramos la atención odontológica apropiada, ya fuera de origen privado o público.  Cuando la señorita Burkhaus, que nos enseñaba geografía, nos mostraba los mapas del mundo y nos señalaba las capitales de las naciones, con los aspectos distintivos de cada país y sus rasgos idiomáticos y culturales, ni siquiera me imaginaba que algún día conocería yo esos lugares y esos pueblos.</p>
<p>Es vital la importancia de estos maestros, que elevan a nuestros niños, les agudizan el intelecto y los motivan a progresar.</p>
<p>Thomas S. Monson, “Nuestros queridos niños son un regalo de Dios”, Liahona, enero de 1992, pág. 76.</p>
<p>El maestro no solamente modela las expectativas y ambiciones de sus discípulos, sino que influye en las actitudes de ellos hacia el futuro y hacia sí mismos.  Si el maestro los quiere y espera de sus alumnos lo mejor, la confianza que éstos tengan en sí mismos aumentará, sus aptitudes se desarrollarán y su futuro quedará asegurado.  Se podría decir en tributo a tal maestro: “Creó en el aula una atmósfera donde se entretejían mágicamente la amabilidad y la aceptación; donde se aseguraron el progreso y la enseñanza, la amplitud de la imaginación y el espíritu de los jóvenes”.</p>
<p>Thomas S. Monson, “Una actitud agradecida,” Liahona, julio de 1992, pág. 64</p>
<p>De pequeño, tuve la experiencia de contar con la influencia de una maestra eficaz e inspirada que nos escuchaba y nos quería.  Se llamaba Lucy Gertsch.  En la clase de la Escuela Dominical, ella nos enseñaba acerca de la creación del mundo, de la caída de Adán y del sacrificio expiatorio de Jesús.  Traía a nuestro salón de clases como invitados de honor a Moisés, Josué, Pedro, Tomás, Pablo y, claro está, a Cristo; y, aunque no los veíamos, aprendimos a amarlos, a honrarlos y a emularlos.</p>
<p>Nunca fue su enseñanza tan dinámica ni su impacto tan perdurable como el de un domingo por la mañana en el que nos dijo con tristeza del fallecimiento de la madre de uno de nuestros compañeros.  Esa mañana habíamos echado de menos a Billy, pero ignorábamos la razón de su ausencia.</p>
<p>El tema de la lección era: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35).  En medio de la lección, nuestra maestra cerró el manual y nos abrió los ojos, los oídos y el corazón a la gloria de Dios. Nos preguntó: “¿Cuánto dinero tenemos en nuestro fondo para actividades de la clase?”.</p>
<p>El tiempo de la Gran Depresión económica causó que respondiéramos con orgullo: “Cuatro dólares y setenta y cinco centavos”.</p>
<p>Entonces, dulcemente nos sugirió: “La familia de Billy se halla acongojada y en apuros económicos.  ¿Qué les parece la idea de ir esta mañana a visitarlos y llevarles el dinero de ese fondo?”</p>
<p>Siempre recordaré el grupito que recorrió las tres calles hasta la casa de Billy, que saludó a su compañero, al hermano de él, sus hermanas y su padre.  Se notaba la ausencia de la madre y atesoraré el recuerdo de las lágrimas que brillaron en los ojos de todos cuando el sobre blanco que contenía el valioso fondo de actividades pasó de la delicada mano de la maestra a la necesitada mano del desolado padre.</p>
<p>Entonces regresamos a la capilla con el corazón más liviano que nunca; nuestro gozo era más completo, nuestro entendimiento más profundo.  Una maestra inspirada por Dios había enseñado a los niños de su clase una lección eterna de verdad divina: “Más bienaventurado es dar que recibir”.</p>
<p>Podríamos haber parafraseado muy bien las palabras de los discípulos que iban camino a Emaús: “¿no ardía nuestro corazón en nosotros, mientras…[ella] nos abría las Escrituras?” (Lucas 24:32).</p>
<p>Lucy Gertsch conocía a cada uno de sus alumnos, e indefectiblemente llamaba a los que faltaban el domingo o que no asistían con regularidad; sabíamos que se preocupaba por nosotros.  Ninguno de nosotros la ha olvidado, ni a ella ni las lecciones que enseñó.</p>
<p>Muchos años después, cuando Lucy se encontraba cerca del fin de sus días, la fui a ver y recordamos esos días tan lejanos en los que ella había sido nuestra maestra.  Hablamos de todos los alumnos de su clase y de lo que cada uno de ellos hacía en ese entonces.  Su cariño y cuidado perduraron toda una vida.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/LI_2007_06_00786_002_000_00.pdf">Ejemplos de grandes maestros</a>”, Liahona, junio de 2007, págs.106-12.</p>
<p>Con frecuencia no se habla de la influencia tan profunda que una persona tiene en la vida de otras personas y en ocasiones es poco lo que se conoce de ella.  Tal fue el caso de la maestra de un grupo de jovencitas de doce años de la clase de Abejitas de la Mutual.  No tuvo hijos propios, aunque ése era su mayor anhelo y el de su esposo, si bien demostró su amor por medio de la gran devoción con que enseñó las verdades eternas y las lecciones de la vida a esas jovencitas. Sin embargo le sobrevino una enfermedad y falleció.  Tenía sólo 27 años.</p>
<p>Cada año, el día de los muertos, las alumnas iban a visitar la tumba de su querida maestra.  Al principio eran siete, después cuatro, luego dos, y finalmente sólo una continuaba las visitas anuales y colocaba allí un ramo de lirios como símbolo de su corazón agradecido.  Más tarde esta última alumna también llegó a ser maestra de jovencitas y no me maravilla el porqué de su éxito, ya que es la imagen de la maestra en quien se inspiró.  La vida de aquella maestra, las lecciones que enseñó, no están enterradas en la tumba, sino que viven en los caracteres que ayudó a esculpir y en las vidas que sin egoísmo enriqueció.  Nos recuerda a otro gran Maestro, el Señor, que en una ocasión escribió con el dedo un mensaje en la arena.  Los vientos borraron para siempre lo escrito, pero no la vida que Él vivió.</p>
<p>“Todo lo que sabemos acerca de aquellos a quienes hemos amado y perdido”, escribió Thorriton Wilder, “es que desearían que recordásemos intensamente la realidad de su existencia&#8230; El mayor tributo que podemos dar a los muertos no es el luto, sino la gratitud”.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/Apr2003Liahona002.pdf">Ha resucitado</a>”, Liahona, abril de 2003, págs. 2-7.</p>
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		<title>Thomas S. Monson habla sobre los estándares morales</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 21:33:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<category><![CDATA[La moral]]></category>

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		<description><![CDATA[Thomas S. Monson es el actual presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.  Los mormones, como son a menudo denominados, tienen la reputación de tener estándares morales estrictos para sus miembros, tanto hombres como mujeres. A continuación, algunos de los pensamientos del profeta sobre un tema que la mayoría [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Thomas S. Monson es el actual presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.  <a href="http://www.losmormones.org/" class="internal_link_tool_los mormones">Los mormones</a>, como son a menudo denominados, tienen la reputación de tener estándares morales estrictos para sus miembros, tanto hombres como mujeres. A continuación, algunos de los pensamientos del profeta sobre un tema que la mayoría de personas considera poco importante o una restricción de libertad en el actual mundo moralmente liberal.</p>
<p>Antes de tomar cualquier decisión, háganse estas preguntas: ¿Cómo me afectará?, ¿cómo me beneficiará?, y vean que su código personal de conducta no recalque tanto el “¿qué pensarán los demás?”, sino, más bien, el “¿qué pensaré yo de mí misma?”. Déjense influenciar por la voz apacible y delicada del Espíritu; tengan presente que hace algunos años, un hombre con la debida autoridad puso las manos sobre la cabeza de ustedes en el momento de la confirmación y dijo: “Recibe el Espíritu Santo”. Abran el corazón, abran el alma misma, a los susurros de esa voz que testifica de la verdad. Como prometió el profeta Isaías: “…tus oídos oirán… palabra que diga: Este es el camino, andad por él” (Isaías 30:21).</p>
<p><span id="more-129"></span>El tenor de estos tiempos es la permisividad. A nuestro alrededor vemos los ídolos del cine, los héroes del mundo de los deportes —aquellos a quienes los jóvenes quieren imitar— haciendo caso omiso de las leyes de Dios y justificando procederes pecaminosos, argumentando que no tienen mayores efectos negativos. ¡No lo crean! Un día tendremos que rendir cuentas y poner nuestros actos en los platillos de la balanza. Toda Cenicienta tiene su medianoche, momento al que conocemos como el día del juicio final, el gran examen de nuestra vida. ¿Están preparadas? ¿Están satisfechas con su propia actuación?</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/5-2005-Liahona002/May2005Liahona002.pdf">Sean un ejemplo</a>”, Liahona, mayo de 2005, pág. 112</p>
<p>Me referiré ahora al valor que necesitarán para ser castas y virtuosas.  Ustedes viven en un mundo en el que gran parte de los valores morales se han dejado de lado, donde el pecado se exhibe de modo descarado y donde las asedian tentaciones para desviarlas del sendero estrecho y angosto.  Hay muchas voces que les dicen que son demasiado ingenuas o que tienen un problema si todavía creen que existe el comportamiento inmoral.</p>
<p>Isaías declaró: “Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo, que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz”.</p>
<p>Se requiere gran valor para permanecer castas y virtuosas en medio de las ideas que se aceptan en estos tiempos.</p>
<p>Según la perspectiva del mundo actual, hay muy pocos que piensan que un joven y una joven se mantendrán moralmente limpios y puros antes del matrimonio.  ¿Hace eso que el comportamiento inmoral sea aceptable?  ¡De ninguna manera!</p>
<p>¡Los mandamientos de nuestro Padre Celestial no están sujetos a la negociación!</p>
<p>Es poderosa la cita del comentarista de noticias Ted Koppel, que por muchos años fue el presentador del programa <em>Nightline, </em>de la cadena televisiva ABC.  Dijo:</p>
<p>“Nos hemos convencido de que los eslogans nos salvarán.  ‘Inyéctate si tienes que hacerlo, pero usa una aguja limpia’, o ‘Disfruta del sexo cuando quieras y con quien quieras, pero protégete…’</p>
<p>“¡No! ¡La respuesta es no!  No porque no esté de moda o no sea sensato, ni porque podrías terminar en la cárcel o morir en la sala de enfermos de SIDA, sino ¡porque está mal!</p>
<p>“Lo que Moisés trajo del monte Sinaí no fueron las Diez Sugerencias, son mandamientos; ¡son, no eran!”.</p>
<p>Mis dulces jóvenes hermanas, conserven una perspectiva eterna.  Estén alerta a cualquier cosa que pudiera robarles las bendiciones de la eternidad.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/LI_2009_05___04285_002_000.pdf">Tengan valor</a>”, Liahona, mayo de 2009, págs. 123-27</p>
<p>Debido al carácter tan sagrado de la intimidad sexual, el Señor requiere el autocontrol y la pureza antes del matrimonio, al igual que la plena fidelidad después de casados.  Durante el noviazgo, tratad con respeto a vuestra pareja y esperad de ellas ese mismo respeto.  El dolor sigue a la transgresión.  Hombres, no hagáis llorar a las mujeres, porque Dios os hará responsables de ello.</p>
<p>En la antigüedad encontramos un ejemplo que ilustra este principio.  Darío, por medio de ritos apropiados, había sido reconocido como rey legítimo de Egipto.  Su rival, Alejandro, había sido declarado hijo legítimo de Amón, por lo que él también era faraón.  Alejandro encontró a Darío, derrotado y al borde de la muerte.  Le impuso las manos sobre la cabeza y le ordenó que se levantara y reanudara su majestuoso poder.  Y concluyó: “Te juro, Darío, por todos los dioses, que hago estas cosas con lealtad y sin fingimiento”, a lo que Darío contestó con gentil reproche: “Alejandro, mi muchacho,&#8230; ¿crees que puedes tocar el cielo con las manos?”</p>
<p>Hermanos, ¿estamos preparados para tocar el cielo cuando cumplimos con nuestros llamamientos del sacerdocio?</p>
<p>Thomas S. Monson, “Para tocar el cielo”, Liahona, enero de 1991, pág. 51</p>
<p>El libertinaje, la inmoralidad, la pornografía y el poder adverso que ejercen las malas compañías hacen que muchas personas se lancen al mar del pecado y perezcan en los arrecifes de las oportunidades truncadas, las bendiciones perdidas y los sueños destrozados.</p>
<p>Llenas de preocupación os preguntáis: ¿Existe algún camino seguro?  ¿Puede alguien guiarme?  ¿Existe alguna manera de escapar a la amenazante destrucción?  La respuesta es un rotundo ¡SI!  Os aconsejo que os guiéis por el faro del Señor.  No hay niebla que sea lo suficientemente espesa, ni noche tan obscura, ni tempestad tan fuerte, ni marinero tan perdido, para que ese faro no sirva de rescate.  Su luz guía en las tormentas de la vida y nos lleva a la seguridad; nos lleva hacia el hogar.</p>
<p>El faro del Señor envía señales fáciles de reconocer que nunca fallan.  En esta ocasión os traigo un resumen de esas señales.  Estas palabras de advertencia, estas normas de seguridad, están impresas en un folleto que pronto habrá de publicarse y que lleva como título <em>La</em> <em>fortaleza de la juventud. </em></p>
<p>Quisiera leeros parte de la introducción del folleto, preparada por la Primera Presidencia de la Iglesia:</p>
<p>“Nuestros amados jóvenes y señoritas:</p>
<p>“Deseamos haceros saber que os amamos y que tenemos plena confianza en vosotros&#8230;</p>
<p>“Deseamos para vosotros todo lo bueno y recto del mundo.  No sois tan sólo jóvenes y señoritas comunes y corrientes, sino espíritus escogidos que habéis sido reservados para nacer en esta época en que las tentaciones, las responsabilidades y las oportunidades están en su ápice.  Estáis en una etapa crítica de vuestra vida, en la que no sólo debéis vivir rectamente, sino que también debéis ser un ejemplo para vuestros compañeros&#8230;</p>
<p>“Dios os ama&#8230;  Su deseo&#8230; es que regreséis a su lado puros y sin mancha, habiendo probado que sois dignos de heredar una eternidad de gozo en su presencia&#8230;</p>
<p>“Os aconsejamos que escojáis vivir una vida moralmente limpia&#8230;</p>
<p>“No se puede hacer el mal y sentirse bien.  ¡Es imposible!  Muchos años de felicidad se pueden perder por la tonta gratificación de un deseo momentáneo de placer&#8230;</p>
<p>“Podréis evitar la carga de culpa y pecado y todo el dolor asociado con ellos&#8230; si guardáis las normas que contienen las Escrituras y que se recalcan en este folleto&#8230;</p>
<p>“Rogamos que vosotros – la generación joven – mantengáis vuestros cuerpos y vuestras mentes limpios, libres de la contaminación del mundo, que seáis instrumentos aptos y puros para cumplir triunfalmente con las responsabilidades del reino de Dios en preparación para la segunda venida de nuestro Salvador” <em>(La fortaleza de la juventud, </em>1990, pág. 1.)</p>
<p>Thomas S. Monson, “El faro del Señor”, Liahona, enero de 1991, pág. 109</p>
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		<title>Thomas S. Monson habla acerca de José Smith</title>
		<link>http://es.thomasmonson.com/116/thomas-s-monson-habla-acerca-de-jose-smith</link>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 18:56:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Mormonismo en el mundo]]></category>
		<category><![CDATA[profeta]]></category>

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		<description><![CDATA[Thomas S. Monson es el actual profeta de los mormones y le encanta compartir historias y enseñanzas del primer profeta de los mormones, José Smith.  El tan esperado día de la restauración efectivamente sucedió.  Pero, examinemos ese importante acontecimiento en la historia del mundo, recordando el testimonio del joven que se convirtió en un profeta, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Thomas S. Monson es el actual profeta de <a class="internal_link_tool_los mormones" href="http://www.mormon.org/welcome/0,6929,403-3,00.html">los mormones</a> y le encanta compartir historias y enseñanzas del primer profeta de los <a class="internal_link_tool_mormones" href="http://www.lds.org.ar/">mormones</a>, <a class="internal_link_tool_joseph smith" href="http://www.historiamormona.com">José Smith</a>.  El tan esperado día de la restauración efectivamente sucedió.  Pero, examinemos ese importante acontecimiento en la historia del mundo, recordando el testimonio del joven que se convirtió en un profeta, el testigo que estaba allí, José Smith.</p>
<p>Al describir su experiencia, José dijo: “…un día estaba leyendo la Epístola de Santiago, primer capítulo y quinto versículo,  que dice: <em>Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”</em><a href="http://scriptures.lds.org/es/js_h/1/25">17</a>. <span id="more-116"></span></p>
<p>“Finalmente llegué a la conclusión de que tendría que permanecer en tinieblas y confusión, o de lo contrario, hacer lo que Santiago aconsejaba, esto es, recurrir a Dios…</p>
<p>“…me retiré al bosque para hacer la prueba.  Fue por la mañana de un día hermoso y despejado, a principios de la primavera de 1820…</p>
<p>“…me arrodillé y empecé a elevar a Dios el deseo de mi corazón…</p>
<p>“…vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí…</p>
<p>“…Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción.  Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: <em>Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!</em>”<a href="http://scriptures.lds.org/es/js_h/1/25">18</a>.</p>
<p>El Padre y Su Hijo Jesucristo aparecieron a José Smith. La mañana de la dispensación del cumplimiento de los tiempos había llegado, disipando así las tinieblas de largos siglos de noche espiritual.</p>
<p>Se han escrito muchos libros acerca de la vida y de los logros de José Smith, pero quizás el hacer resaltar un par de puntos sobresalientes sea suficiente: Él recibió la visita del ángel Moroni.  De las planchas preciosas que se le entregaron, tradujo el Libro de <a class="internal_link_tool_mormón" href="http://www.bookofmormonresearch.org/spanish">Mormón</a>, con un nuevo testimonio de Cristo a todo el mundo.  Fue un instrumento en las manos del Señor, de quien recibió maravillosas revelaciones relacionadas con el establecimiento de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.  Durante su ministerio, lo visitaron Juan el Bautista, Moisés, Elías el profeta, Pedro, Santiago y Juan a fin de que se llevara a cabo la restauración de todas las cosas.  Soportó persecuciones y sufrió profundamente, como también sus seguidores.  Él confió en Dios y fue fiel a su llamamiento profético.  Dio comienzo a una obra misional maravillosa por todo el mundo, la cual hoy lleva la luz y la verdad a las almas del género humano.  Al final, José Smith murió mártir, como también su hermano Hyrum.</p>
<p>José Smith fue un verdadero pionero.</p>
<p>(Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/8-2006-Liahona002/Aug2006Liahona002.pdf">Guiados por pioneros espirituales</a>”, Liahona, agosto de 2006, pág. 3)</p>
<p>Ninguna descripción de modelos a seguir estaría completa sin incluir a José Smith, el primer Profeta de esta dispensación.  Con sólo catorce años, este valiente jovencito se internó en una arboleda, a la que más tarde se calificaría de sagrada, y recibió una respuesta a su oración sincera.</p>
<p>A continuación, José fue objeto de una encarnizada persecución al hacer saber a otras personas el relato de la gloriosa visión que había recibido en aquel bosque. No obstante, a pesar de que se le ridiculizó y menospreció, permaneció firme, y dijo: “…había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo”<a href="http://scriptures.lds.org/es/js_h/1/25">17</a>.</p>
<p>Paso a paso, enfrentando la oposición casi constantemente pero siempre guiado por la mano del Señor, José organizó La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.  En todo lo que hizo demostró su valor.</p>
<p>Hacia el final de su vida, cuando los conducían a él y a su hermano Hyrum a la cárcel de Carthage, enfrentó con valor lo que, sin duda, sabía que le esperaba, y selló su testimonio con su sangre. </p>
<p>Al hacer frente a las pruebas de la vida, ojalá que siempre emulemos el valor que demostró el profeta José Smith.</p>
<p>(Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/LI_2007_10_00___00790_002_000.pdf">Nos marcaron el camino a seguir</a>”, Liahona, octubre de 2007, págs. 3-7)</p>
<p>El profeta José Smith se enfrentó con tentaciones.  ¿Se imaginan el ridículo, el desprecio, la burla de que debe de haber sido blanco cuando declaró haber visto una visión?  Supongo que tiene que haber sido casi insoportable para el muchacho.  Él sabía sin duda que sería mucho más fácil retractarse de lo que había dicho en cuanto a la visión y seguir con su vida normal.  Sin embargo, no se dio por vencido y de este modo se expresó en cuanto al asunto: “Yo efectivamente había visto una luz, y en medio de la luz vi a dos Personajes, los cuales en realidad me hablaron; y aunque se me odiaba y perseguía por decir que había visto una visión, no obstante, era cierto…había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo”.  José Smith enseñó el valor por medio de su ejemplo, se enfrentó con la tentación y la rechazó.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/5-2005-Liahona002/May2005Liahona002.pdf">Sean un ejemplo</a>”, Liahona, mayo de 2005, pág. 112</p>
<p>El llamado del deber llegó a John E. Page cuando el profeta José Smith lo llamó para que cumpliera una misión.  John E. Page &#8216;murmuró&#8221; y respondió: &#8220;Hermano José, no puedo ir a la misión a Canadá; ni siquiera tengo abrigo&#8221;.</p>
<p>El profeta José Smith se quitó su propio abrigo, lo entregó al hermano Page, y le dijo: &#8220;Llévate este y el Señor te bendecirá.&#8221; John E. Page cumplió una misión en Canadá. y durante un periodo de dos años caminó 8.000 kilómetros y bautizó a 600 personas (véase Andrew Jenson, “John E. Page”, <em>The Historical Record</em>, 5:57)</p>
<p>Thomas S. Monson, “El llamado del deber”, Liahona, julio de 1986, pág. 37</p>
<p>Cuando José tenía unos seis o siete años de edad, él y sus hermanos y hermanas contrajeron la fiebre tifoidea.  Al paso que los otros se recuperaron sin dificultades, José quedó con una dolorosa herida en la pierna.  Los médicos, valiéndose de la mejor medicina con que contaban, le pusieron en tratamiento, pero la herida no sanó, y dijeron que, para salvar la vida del niño, tendrían que amputarle la pierna.  Felizmente, poco después, los médicos volvieron a casa de los Smith para hacerles saber que había un nuevo procedimiento que podría salvarle la pierna a José.  Puesto que deseaban operarlo de inmediato, habían llevado un trozo de cuerda para amarrar a José a la cama a fin de que no se moviera, debido a que no tenían nada con qué aplacarle el dolor.  Pero el pequeño José, les dijo: “No tienen que amarrarme”.</p>
<p>Los médicos sugirieron que tomara algo de licor o de vino para que el dolor no le resultara tan intenso. “No”, replicó el pequeño José, “si mi padre se sienta en la cama y me sostiene entre sus brazos, yo haré lo que sea necesario”.  Joseph Smith, Sr., sostuvo en sus brazos a su pequeño de seis años, y los médicos le extrajeron el trozo de hueso infectado. Aunque José quedó cojo durante algún tiempo, por fin sanó.  Tanto a esa temprana edad como en incontables otras ocasiones a lo largo de su vida, José Smith nos enseñó una lección de valor mediante el ejemplo.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/11-2005-Liahona002/Nov2005Liahona002.pdf">El Profeta José Smith: Maestro mediante el ejemplo</a>”, Liahona, noviembre de 2005, pág. 67</p>
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		<title>Thomas S. Monson cuenta historias de inspiración</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 18:53:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>

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		<description><![CDATA[Los mormones enseñan que cada persona tiene derecho a la revelación personal y a recibir respuestas a sus oraciones.  En las siguientes historias, el Presidente Monson, quien es el presidente y el profeta de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (a veces conocida como los mormones), comparte relatos sobre sus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://es.mormonwiki.com/Creencias_del_Mormonismo" class="internal_link_tool_los mormones">Los mormones</a> enseñan que cada persona tiene derecho a la revelación personal y a recibir respuestas a sus oraciones.  En las siguientes historias, el Presidente Monson, quien es el presidente y el profeta de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (a veces conocida como los <a href="http://mormonescreen.org/" class="internal_link_tool_mormones">mormones</a>), comparte relatos sobre sus experiencias con la inspiración.</p>
<p>Durante el discurso que pronuncié en la conferencia general de octubre de 1975, me sentí inspirado a dirigir mis palabras a una niñita de cabello largo y rubio que se hallaba sentada en la galería de este edificio.  Dirigí la atención del público a ella y sentí una libertad de expresión que me testificó que aquella pequeña niña necesitaba el mensaje que yo había preparado con respecto a la fe de otra joven.</p>
<p><span id="more-114"></span></p>
<p>Al terminar la sesión, regresé a mi oficina y encontré a una niña de nombre Misti White esperándome, junto con sus abuelos y una tía.  Al saludarlos, reconocí a Misti, era la niña de la galería a la que había dirigido mis palabras.  Supe entonces que se acercaba su octavo cumpleaños y que tenía dudas en cuanto a si debía o no bautizarse.  Ella sentía que quería hacerlo, y también lo deseaban sus abuelos, con quienes vivía, pero la madre, que era menos activa, le sugirió que esperara hasta tener dieciocho años para tomar la decisión.  Misti les había dicho a sus abuelos: “Si vamos a la conferencia en Salt Lake City, tal vez el Padre Celestial me haga saber lo que debo hacer”.</p>
<p>Misti, sus abuelos y la tía, habían viajado de California a Salt Lake City Para la conferencia y pudieron conseguir asientos en el Tabernáculo para la sesión del sábado por la tarde, donde se hallaban sentados cuando Misti cautivó mi atención y decidí dirigirle a ella mis palabras.</p>
<p>Mientras conversábamos, después de la sesión, su abuela me dijo: “Creo que a Misti le gustaría decirle algo”.  La dulce niñita me dijo: “Hermano Monson, cuando usted habló en la conferencia, contestó mi pregunta; ¡y quiero bautizarme!”</p>
<p>La familia regresó a California y Misti se bautizó y la confirmaron miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.  Desde entonces y a través de los años, se ha mantenido leal y fiel al evangelio de Jesucristo.  Hace catorce años, tuve el privilegio de efectuar su casamiento en el templo a un joven excelente, y juntos están criando cinco niños hermosos, con otro en camino.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/LI_2007_05_00785_002_000.pdf">Recuerdos del Tabernáculo</a>”, Liahona, mayo de 2007, págs. 41-42</p>
<p>En abril del año 2000, recibí ese tipo de ayuda.  Había recibido una llamada telefónica de Rosa Salas Gifford, a quien no conocía.  Me explicó que sus padres habían venido de visita de Costa Rica por unos meses, y que justo una semana antes de que ella me llamara, a su padre, Bernardo Augusto Salas, le habían diagnosticado cáncer del hígado.  Me indicó que los doctores le habían informado a la familia que el padre sólo iba a vivir unos días más.  El gran deseo de su padre, me explicó, era conocerme antes de morir.  Me dio su dirección y me preguntó si yo podría ir a su casa, en Salt Lake City, para conversar con su padre.</p>
<p>Debido a las reuniones y a las obligaciones, era bastante tarde cuando salí de la oficina, pero en vez de ir directamente a casa, tuve la impresión que debía seguir hacia el sur y visitar al hermano Salas esa misma tarde.  Con la dirección en la mano, traté de encontrar la casa.  Con bastante tráfico y con poca luz, me pasé del lugar donde debía estar la calle que conducía a la casa.  No podía ver nada.  Sin embargo, no me di por vencido.  Di la vuelta alrededor de la cuadra y volví, pero seguí sin encontrarla.  Traté una vez más y tampoco la encontré.  Comencé a sentir que estaría justificado si me volvía a casa.  Había hecho un noble esfuerzo, pero no había encontrado la dirección.  Pero, en vez de eso, ofrecí una oración en silencio para pedir ayuda.  Me sentí inspirado a acercarme al lugar desde la dirección opuesta.  Recorrí cierta distancia y di la vuelta de modo que ahora estaba del otro lado de la calle.  En esa dirección había menos tránsito.  Al acercarme al lugar otra vez, pude ver a través de la tenue luz, un cartel que se había caído y ahora estaba tirado al borde de la calle, y un camino casi invisible lleno de hierbas que conducía a un pequeño edificio de apartamentos y a una pequeña casa solitaria, a cierta distancia de la calle principal.  Al dirigirme hacia los apartamentos, una niña pequeña, vestida de blanco, me hizo señas con la mano y supe que había encontrado a la familia.</p>
<p>Me hicieron pasar a la casa, y luego me condujeron al cuarto donde estaba acostado el hermano Salas. Alrededor de la cama se encontraban tres hijas, el yerno y la hermana Salas. Todos menos el yerno eran de Costa Rica. Por la apariencia del hermano Salas se notaba la gravedad de su estado. Tenía un paño húmedo deshilachado sobre la frente —no una toalla ni una toallita de mano, sino un trapo deshilachado— lo cual ponía de relieve la humilde situación económica de la familia.</p>
<p>Con un leve movimiento, el hermano Salas abrió los ojos y una tenue sonrisa se perfiló en sus labios cuando le tomé la mano.  Le dije: “He venido a conocerlo”; y sus ojos y los míos se llenaron de lágrimas.</p>
<p>Pregunté si deseaban que le diera una bendición y la respuesta unánime de la familia fue afirmativa.  A causa de que el yerno no poseía el sacerdocio, procedí yo solo a darle una bendición del sacerdocio.  Las palabras parecían fluir libremente bajo la dirección del Espíritu del Señor.  Incluí las palabras del Señor que se encuentran en la sección 84 de Doctrina y Convenios, versículo 88: “Iré delante de vuestra faz.  Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros”.  Después de la bendición, expresé unas palabras de consuelo a los acongojados miembros de la familia.  Hablé con cuidado para que pudieran entender mi inglés, y después, con mi limitado español, les hice saber que los amaba y que nuestro Padre Celestial los bendeciría.</p>
<p>Les pedí la Biblia de la familia y les señalé 3 Juan, versículo 4: “No tengo yo mayor gozo que éste, el oír que mis hijos andan en la verdad”.  Les dije: “Esto es lo que su esposo y su padre desea que recuerden ahora que se prepara para dejar esta existencia terrenal”.</p>
<p>Con el rostro surcado por las lágrimas, la dulce esposa del hermano Salas me pidió que escribiera la referencia de los dos pasajes de las Escrituras que había compartido con ellos para que la familia pudiera volver a leerlos.  Como no tenía nada a mano donde escribirlas, la hermana Salas buscó en su bolso y sacó un pedacito de papel.  Al tomarlo, noté que era un recibo de diezmos.  Mi corazón se conmovió cuando me di cuenta de que, a pesar de las condiciones tan humildes en las que vivían, eran fieles en el pago del diezmo.</p>
<p>Después de una tierna despedida, me acompañaron hasta el auto. Al manejar hacia casa, reflexioné sobre el espíritu especial que había sentido. También sentí, como muchas otras veces, un sentido de gratitud porque mi Padre Celestial había respondido a las oraciones de otra persona por medio de mí.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/LI_2007_05_00785_002_000.pdf">El Sacerdocio: Un don sagrado</a>”, Liahona, mayo de 2007, págs. 57-60.</p>
<p>Un domingo por la tarde recibí una llamada telefónica del propietario de una farmacia que estaba dentro de los límites del barrio; me indicó que esa mañana, un niño había entrado en la tienda y había comprado un helado.  Había pagado con dinero que había sacado de un sobre y que, al salir, había olvidado el sobre.  Cuando el propietario pudo examinarlo, descubrió que era un sobre  de ofrendas de ayuno, con el nombre y el número de teléfono de nuestro barrio.  Cuando me describió al niño que había entrado a la tienda, de inmediato supe quién era; era un diácono de nuestro barrio que provenía de una familia menos activa.</p>
<p>Mi primera reacción fue una de asombro y de desilusión al pensar que uno de nuestros diáconos tomara fondos de las ofrendas de ayuno destinados para los necesitados, y se fuera a la tienda en domingo a comprar una golosina con ese dinero.  Decidí que esa tarde visitaría a ese niño para enseñarle en cuanto a los fondos sagrados de la Iglesia y su deber como diácono de recabar y proteger esos fondos.</p>
<p>Mientras me dirigía a ese domicilio, hice una oración en silencio para suplicar orientación en lo que debía decir para arreglar la situación.  Llegué y toqué a la puerta; la abrió la madre del niño, y me invitaron a pasar a la sala.  A pesar de que la luz de la habitación era muy tenue, pude darme cuenta de que era un lugar muy pequeño y escuálido.  Los pocos muebles estaban desgastados y la madre tenía una apariencia de cansancio.</p>
<p>La indignación que sentía por las acciones de su hijo aquella mañana se desvaneció al darme cuenta de que era una familia muy necesitada.  Sentí la impresión de preguntarle a la madre si había alimentos en la casa; con lágrimas contestó y dijo que no tenía nada.  Me dijo que desde hacía tiempo su esposo había estado sin trabajo y que necesitaban desesperadamente no sólo comida, sino dinero para pagar el alquiler a fin de que no los desalojaran de la pequeña casita.</p>
<p>No me atreví a mencionar de los donativos de las ofrendas de ayuno, ya que me di cuenta de que lo más probable era que el niño habría tenido mucha hambre cuando se detuvo en la tienda.  Más bien, inmediatamente hice los arreglos para dar ayuda a la familia, a fin de que tuviesen qué comer y un techo sobre su cabeza.  Además, con la ayuda de los líderes del sacerdocio del barrio, pudimos conseguirle empleo al marido para que pudiese proveer de lo necesario para la familia.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/6-2006-Liahona002/Jun2006Liahona002.pdf">Hogares celestiales, familias eternas</a>”, Liahona, junio de 2006, págs. 98-103</p>
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		<title>Thomas S. Monson habla sobre la actitud</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 18:50:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actitud]]></category>
		<category><![CDATA[Citas]]></category>

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		<description><![CDATA[Thomas S. Monson es el profeta mormón de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros son conocidos como los mormones.  Él es conocido por su alegre actitud hacia la vida, y, en estas citas, podremos aprender sus pensamientos acerca de cómo obtener y mantener una actitud mental positiva, incluso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Thomas S. Monson es el profeta <a href="http://www.bookofmormonresearch.org/spanish" class="internal_link_tool_mormón">mormón</a> de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros son conocidos como <a href="http://www.laiglesiamormona.com/" class="internal_link_tool_los mormones">los mormones</a>.  Él es conocido por su alegre actitud hacia la vida, y, en estas citas, podremos aprender sus pensamientos acerca de cómo obtener y mantener una actitud mental positiva, incluso en los momentos difíciles.</p>
<p>A veces, las ciudades y las naciones llevan sus etiquetas de identidad.  Este era el caso de una fría y vieja ciudad del este de Canadá, a la cual los misioneros llamaban &#8220;La Ciudad de Piedra&#8221;.  En los seis años anteriores sólo había habido un converso a la Iglesia en Kingston, aunque durante todo ese período los misioneros asignados habían estado trabajando constantemente; nadie se bautizaba allí; cualquier misionero atestiguaría esto.  Para ellos, el tiempo que pasaban en Kingston era como si lo pasaran en prisión.  Cualquiera que fuera el lugar adonde lo transfirieran, el saber que saldría de allí hacía que los pensamientos se elevaran al máximo.</p>
<p><span id="more-112"></span></p>
<p>Mientras oraba y meditaba sobre este lamentable dilema, como lo requería mi responsabilidad de presidente de la misión, mi esposa me llamó la atención sobre un pasaje de un libro escrito por Deta Petersen Neeley, Historia de Brigham Young, relato para niños y me leyó lo siguiente: &#8220;Brigham Young entró en Kingston, Canadá, en un frío y nevado día.  Predicó en la ciudad treinta días y bautizó a cuarenta y cinco almas. &#8220;Ahí estaba la respuesta.  Si el misionero Brigham Young había podido lograr ese éxito, también podían hacerlo los misioneros actuales.</p>
<p>Sin dar explicaciones, retiré a los misioneros de Kingston, sólo para romper el cielo de frustración; luego, hice circular esta noticia: &#8220;Pronto abriremos a la obra misional una nueva ciudad, la misma en la que predicó Brigham Young, bautizando a cuarenta y cinco personas en treinta días&#8221;.  Los misioneros empezaron a especular en cuanto al lugar.  En sus cartas semanales pedían ser asignados a ese paraíso terrenal.  Así pasó el tiempo; entonces, fueron seleccionados cuatro misioneros, dos nuevos y dos con experiencia – para aquella aventura proselitista.   Los miembros de la pequeña rama prometieron su apoyo; los misioneros prometieron su vida; y el Señor honró ambas promesas.</p>
<p>En sólo tres meses, Kingston se convirtió en la ciudad más productiva de la Misión de Canadá.  Los edificios de piedra gris todavía estaban allí, la apariencia de la ciudad no había cambiado, la población seguía siendo la misma; lo que había cambiado era la actitud.  Y la etiqueta de la duda había dado paso a la de la fe. (Thomas S. Monson, “Etiquetas”,  Conferencia General de octubre de 1983).</p>
<p>Esta es una magnífica época para vivir en la tierra; tenemos oportunidades ilimitadas.  Aunque hay algunas cosas malas en nuestro mundo de hoy, hay mucho de bueno, como maestros que enseñan, ministros religiosos que ministran, matrimonios que triunfan, padres que se sacrifican y amigos que ayudan.</p>
<p>Si rehusamos vivir en el ámbito de los pensamientos negativos y cultivamos en el corazón una actitud de agradecimiento, nos elevaremos y podremos elevar a los demás.  Si la ingratitud se cuenta entre los pecados serios, entonces la gratitud se puede mencionar entre las más nobles virtudes.</p>
<p>Thomas S. Monson, “Una actitud agradecida”, Liahona, julio de 1992, pág. 64</p>
<p>Desde que nos reunimos la última vez, hace seis meses en la conferencia general, ha habido señales constantes de que las circunstancias mundiales no son necesariamente lo que quisiéramos.  La economía global, que hace seis meses parecía estar declinando, parece haberse ido a pique, y durante muchas semanas el panorama económico ha sido un tanto sombrío; además, las bases morales de la sociedad siguen decayendo, mientras que los que tratan de proteger ese fundamento a menudo son ridiculizados y a veces perseguidos.  Y las guerras, los desastres naturales y las desgracias personales siguen ocurriendo.</p>
<p>Sería fácil desanimarnos y perder la fe en cuanto al futuro —o incluso tener temor de lo que pueda venir— si sólo nos concentráramos en lo que está mal en el mundo y en nuestra vida. Sin embargo, hoy quisiera que nuestros pensamientos y nuestras actitudes dejen de lado los problemas que nos rodean y se concentren en las bendiciones que tenemos como miembros de la Iglesia. El apóstol Pablo declaró: “…no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”<sup><a href="http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-1038-28,00.html#notes">1</a></sup>.</p>
<p>Ninguno de nosotros pasa por esta vida sin problemas ni desafíos, y a veces tragedias e infortunios. Después de todo, en gran parte estamos aquí para aprender y progresar como resultado de esos acontecimientos. Sabemos que habrá ocasiones en las que sufriremos, lloraremos y estaremos tristes; no obstante, se nos ha dicho: “Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo”<sup><a href="http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-1038-28,00.html#notes">2</a></sup>.</p>
<p>¿Cómo podemos tener gozo en la vida a pesar de todo lo que enfrentemos? Cito otra vez de las Escrituras: “Sed de buen ánimo, pues, y no temáis, porque yo, el Señor, estoy con vosotros y os ampararé”<sup><a href="http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-1038-28,00.html#notes">3</a></sup>.</p>
<p>La historia de la Iglesia en ésta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos, está repleta de experiencias de los que han luchado pero que han permanecido firmes y con buen ánimo al hacer del evangelio de Jesucristo el punto central de su vida. Esa actitud es lo que nos ayudará a superar lo que se interponga en nuestro camino. No eliminará nuestros problemas, pero nos permitirá enfrentar los desafíos, con confianza, y salir victoriosos.  (Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/LI_2009_05___04285_002_000.pdf">Sed de buen ánimo</a>”, Liahona, mayo de 2009, págs. 89-92)</p>
<p>Posted in <a title="View all posts in Quotes by Thomas Monson" href="http://thomasmonson.com/category/quotes-by-thomas-monson">Quotes by Thomas Monson</a></p>
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		<title>Thomas S. Monson – Sed de buen ánimo</title>
		<link>http://es.thomasmonson.com/108/thomas-s-monson-%e2%80%93-sed-de-buen-animo</link>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 18:43:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Discursos]]></category>
		<category><![CDATA[conferencias]]></category>

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		<description><![CDATA[En la más reciente Conferencia General, Thomas S. Monson, el profeta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, habló de tener buen ánimo.  Cuando se dirigió a los mormones y a los no mormones, él dijo: “Desde que nos reunimos la última vez, hace seis meses en la conferencia general, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la más reciente Conferencia General, Thomas S. Monson, el profeta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, habló de tener buen ánimo.  Cuando se dirigió a <a href="http://fundacionparalomejor.org/406/los-mormones-y-la-modestia" class="internal_link_tool_los mormones">los mormones</a> y a los no <a href="http://religionmormona.com/" class="internal_link_tool_mormones">mormones</a>, él dijo:</p>
<p>“Desde que nos reunimos la última vez, hace seis meses en la conferencia general, ha habido señales constantes de que las circunstancias mundiales no son necesariamente lo que quisiéramos.  La economía global, que hace seis meses parecía estar declinando, parece haberse ido a pique, y durante muchas semanas el panorama económico ha sido un tanto sombrío; además, las bases morales de la sociedad siguen decayendo, mientras que los que tratan de proteger ese fundamento a menudo son ridiculizados y a veces perseguidos.  Y las guerras, los desastres naturales y las desgracias personales siguen ocurriendo.</p>
<p><span id="more-108"></span></p>
<p>Sería fácil desanimarnos y perder la fe en cuanto al futuro —o incluso tener temor de lo que pueda venir— si sólo nos concentráramos en lo que está mal en el mundo y en nuestra vida.  Sin embargo, hoy quisiera que nuestros pensamientos y nuestras actitudes dejen de lado los problemas que nos rodean y se concentren en las bendiciones que tenemos como miembros de la Iglesia.  El apóstol Pablo declaró: “…no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.</p>
<p>Fiel a su estilo, el Presidente Monson ilustró cómo es posible tener buen ánimo incluso en los momentos más difíciles.  Una historia que particularmente tocó el corazón de los oyentes hablaba de una mujer alemana SUD (mormona) que vivía en Prusia Oriental al inicio de la Segunda Guerra Mundial.  Su esposo había sido asesinado durante la guerra y ella y sus cuatro hijos se encontraron viviendo en un territorio ahora ocupado por otras personas.  La fuerza de ocupación ordenó a todos los alemanes retirarse del territorio.  Sin tener ninguna forma de transporte, ella empezó una jornada de casi unos mil seiscientos kilómetros a pie.  Se le permitió llevar sólo su pequeña carreta de ruedas y lo que cupiera en ella.</p>
<p>La jornada comenzó a finales de verano.  No tenían dinero, por lo que se vieron obligados a recoger alimentos de los campos que estaban a lo largo del camino.  Cuando llegó el invierno, sólo se envolvían los pies con tela burda porque sus zapatos se habían deshecho.  La joven madre llevaba a su bebé en los brazos y su hijo mayor, un niño de siete años, tiraba de la pequeña carreta.  Evadían a las tropas y a otros refugiados que podrían resultar peligrosos.</p>
<p>Luego sus hijos comenzaron a morir.  Ella enterró a cada uno de los tres mayores, uno por uno, excavando sus sepulturas con una cuchara de cocina porque era todo lo que tenía para hacerlo.  Imagine excavar toda una tumba con sólo una cuchara y un corazón quebrantado.  Por último, poco antes de finalizar la jornada, la bebita murió y esta vez, ya no tenía la cuchara y cavó la tumba con sus dedos durante varias horas insoportables, arrodillada en el hielo y la nieve congelada.  En ese momento, ella sintió que lo había perdido todo – toda su familia, su casa, incluso su país.  Se encontró a sí misma contemplando la alternativa del suicidio.</p>
<p>Mientras pensaba terminar con su vida, el Espíritu Santo le dijo que se arrodillara y orara.  Ella no hizo caso pero finalmente obedeció.  Esta fue su oración:</p>
<p>No temas</p>
<p>“Querido Padre Celestial, no sé cómo seguir adelante.  Ya no me queda nada, salvo mi fe en Ti,  Padre, en la desolación de mi alma, siento una gran gratitud por el sacrificio expiatorio de Tu Hijo Jesucristo.  No logro expresar adecuadamente mi amor por Él.  Yo sé que debido a que Él sufrió y murió, yo viviré de nuevo con mi familia; que debido a que Él rompió las cadenas de la muerte, veré de nuevo a mis hijos y tendré el gozo de criarlos.  Aunque en este momento no tengo deseos de vivir, lo haré, para que nos volvamos a reunir como familia y, juntos, regresemos a Ti”.</p>
<p>A medida que oraba, se le recordó que no importaba lo doloroso que pudiera ser la vida en la tierra, había una gran promesa para ella si mantenía su espíritu.  Las <a href="http://www.familiasmormonas.com/creencias_basicas_mormonas" class="internal_link_tool_creencias mormonas">creencias mormonas</a> incluyen el conocimiento de que Dios es nuestro amoroso Padre en el Cielo y que Jesucristo murió por nosotros para que podamos vivir de nuevo.  Los mormones también enseñan que las familias pueden estar juntas para siempre.  Dios nos ama demasiado como para apartar a nuestras familias de nuestro lado si las queremos lo suficiente y hacemos lo que se necesita para mantenerlas para siempre.  Fue el conocimiento de estas tres cosas que le dio el coraje de volver a pie y terminar su recorrido en la vida.</p>
<p>El Presidente Monson dijo: “Cuando finalmente llegó a su destino, en Karlsruhe, Alemania, estaba consumida.  El hermano Babbel dijo que tenía el rostro de color gris morado, los ojos rojos e hinchados, y las articulaciones prominentes.  Se encontraba, literalmente, en un avanzado estado de inanición.  Poco después, en una reunión de la Iglesia, dio un glorioso testimonio, en el que afirmó que, de toda la gente aquejada de problemas en su triste país, ella era una de las más felices porque sabía que Dios vivía, que Jesús es el Cristo, y que Él murió y resucitó a fin de que viviésemos de nuevo.  Testificó que sabía que, si seguía fiel y leal hasta el fin, volvería a reunirse con los seres que había perdido y recibiría la salvación en el reino celestial de Dios”. [El reino celestial es el lugar donde Dios habita y donde también nosotros podemos vivir si vivimos nuestras vidas para Él]</p>
<p>Los mormones a menudo enseñan que el evangelio no es un evangelio de temor.  Las Escrituras están llenas de advertencias para que seamos alegres y no tengamos miedo.  Esto puede resultar difícil cuando parece que el mundo se está cayendo a pedazos y los medios de comunicación están decididos a mantenernos en un estado de temor a fin de vender periódicos o aumentar el rating.  Sin embargo, si hacemos todo lo que podemos para prepararnos para los tiempos difíciles, entonces podemos optar por confiar en Dios, u optar por tener miedo.  Usted no puede controlar lo que sucede pero sí puede elegir su actitud.</p>
<p>El presidente Monson finalizó su discurso con esta admonición</p>
<p>“En las Santas Escrituras leemos: “Mas he aquí, los justos, los santos del Santo de Israel, aquellos que han creído en [Él], quienes han soportado las cruces del mundo… éstos heredarán el reino de Dios… y su gozo será completo para siempre”.</p>
<p>Les testifico que las bendiciones prometidas son incalculables. Aunque las nubes se arremolinen, aunque las lluvias desciendan sobre nosotros, nuestro conocimiento del Evangelio y el amor que tenemos por nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador nos consolarán y nos sostendrán, y darán gozo a nuestro corazón al caminar con rectitud y guardar los mandamientos. No hay nada en este mundo que pueda derrotarnos.</p>
<p>Mis queridos hermanos y hermanas, no teman. Sean de buen ánimo. El futuro es tan brillante como su fe.</p>
<p>Declaro que Dios vive y que Él escucha y contesta nuestras oraciones. Su Hijo Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor. Nos esperan las bendiciones del cielo. En el nombre de Jesucristo. Amén”.</p>
<p>Si desea leer el discurso completo:</p>
<p><a href="http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-1038-28,00.html">Sed de buen ánimo</a> (texto)</p>
<p>Si desea escuchar o mirar este discurso, ingrese a lds.org y baje hasta sesión del domingo por la mañana</p>
<p><a href="http://www.lds.org/conference/sessions/display/0,5239,89-3-1038,00.html">Sed de buen ánimo</a> (todas las opciones)</p>
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		<title>Ven a escuchar la voz de un profeta</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 18:37:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La Conferencia General se lleva a cabo durante el primer fin de semana de los meses de abril y octubre.  Los mormones de todo el mundo se reúnen para escuchar la conferencia en sus hogares o en los edificios de la iglesia.  Las conferencias a menudo son traducidas a diferentes idiomas.  Durante estos días, el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La <a href="http://es.mormonwiki.com/Conferencia_General">Conferencia General</a> se lleva a cabo durante el primer fin de semana de los meses de abril y octubre.  <a class="internal_link_tool_los mormones" href="http://fundacionparalomejor.org/406/los-mormones-y-la-modestia">Los mormones</a> de todo el mundo se reúnen para escuchar la conferencia en sus hogares o en los edificios de la iglesia.  Las conferencias a menudo son traducidas a diferentes idiomas.  Durante estos días, el <a href="http://es.mormonwiki.com/Thomas_S_Monson">profeta mormón</a>, sus apóstoles y otros líderes se dirigen a la comunidad, tanto a los miembros como a aquellos que no lo son, para compartir el evangelio de <a href="http://www.laiglesiamormona.com/jesucristo">Jesucristo</a>.</p>
<p>Durante la conferencia, los miembros pueden descubrir los planes de Dios y recibir consejos que les ayudarán a vivir exitosamente durante los próximos seis meses.  A pesar de que el profeta habla en varias ocasiones, es poco probable que los oyentes escuchen nuevas revelaciones o consejos.  Por lo general, nos recuerdan las cosas que Dios ya nos pidió hacer; sin embargo, pueden establecerse algunas prioridades.  Por ejemplo, es probable que la próxima conferencia incluya alguna orientación sobre cómo superar los momentos económicamente desafiantes – no se trata de consejos sobre la compra de acciones o ideas para conseguir riqueza, sino más bien de un recordatorio de lo que los <a class="internal_link_tool_mormones" href="http://www.lds.cl/">mormones</a> ya hemos escuchado durante generaciones.  Es probable que nos recuerden evitar las deudas, vivir con moderación, sembrar un jardín y tener un almacén en caso de que perdamos el empleo.  El consejo rara vez es glamoroso, pero es práctico y funciona.</p>
<p>“Las enseñanzas de un profeta viviente son muchas veces contrarias a las tendencias del mundo.  Nosotros, en calidad de Santos de los Últimos Días y poseedores del sacerdocio de Dios, debemos comprender que existe un abismo cada vez más grande entre las normas del mundo y las del Evangelio y el reino de Dios, y que los profetas vivientes siempre enseñarán las normas de Dios.  Por mucho que deseemos que el Evangelio se ajuste al mundo, es imposible; nunca ha pasado ni nunca pasará.</p>
<p><span id="more-104"></span></p>
<p>Mucho de nuestro mundo actual está fundamentado en la satisfacción de los caprichos, en la ganancia y el placer inmediatos y en la aceptación social a cualquier precio.  El Evangelio y el reino de Dios son mucho más que eso.  Entre las características que Dios valora más se encuentran la paciencia, la longanimidad, la entereza, la bondad y el amor fraternal, ninguna de las cuales se logra a corto plazo ni se cultiva en un momento”. (Dennis B. Neuenschwander, “<a href="http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,23-3-174-18,00.html">Profetas, videntes y reveladores vivientes</a>”)</p>
<p>Para los mormones, la Conferencia General es un momento para conocer a las Autoridades Generales.  El élder Neil L. Andersen de los Setenta sugirió que también es un momento para que nuestros niños aprendan a conocerlos y respetarlos.  Él cuenta la siguiente historia: “Una vez me encontré entre un grupo de diáconos en el sureste de los Estados Unidos.  El tema de conversación giró en torno al equipo <em>Atlanta Braves</em>.  Los muchachos conocían a cada uno de los jugadores de aquel equipo de béisbol.  Conocían al quinteto inicial, al líder en jonrones, al lanzador con mejor récord, y a los jugadores en reserva por lesiones.  Entonces, hice preguntas sobre la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles.  Pregunté si los muchachos sabían los nombres de los líderes de la Iglesia.  Hubo silencio pero finalmente mencionaron el nombre del profeta.  Con un poco de aliento, salió a la luz el apellido de uno de los consejeros de la Primera Presidencia.  No sabían ningún otro nombre.</p>
<p>Algunos podrían decir que lo importante no son los líderes, sino más bien el mensaje que traen consigo.  Sin embargo, si nuestros niños no saben los nombres de los miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles, muy probablemente tampoco conocerán sus mensajes.  Otros podrían decir que hay tantas Autoridades Generales que nuestros hijos no pueden conocerlos a todos.  Sin embargo, nuestra atención debe recaer en aquellos que sostenemos como profetas, videntes y reveladores.  Si bien la Iglesia ha crecido, el número de autoridades – quince – ha seguido siendo el mismo”.</p>
<p>A continuación, pasó a sugerir maneras en que podríamos usar la Conferencia General para reforzar nuestros testimonios y los de nuestros hijos.  Él dijo, “El hecho de ver las reuniones de la Conferencia General con nuestra familia no es suficiente para querer a los profetas.  En una ocasión, algunos años antes de mi llamamiento como Autoridad General, dirigí una reunión presidida por uno de los Apóstoles.  Después de la reunión, le pregunté acerca de los discursos en las conferencias de su estaca. “¿Ustedes preparan algo específico para cada conferencia de estaca?”, le pregunté.  Él respondió que normalmente no lo hacían, pero se basaban en los recordatorios recibidos antes y durante la conferencia.  Pero luego añadió, “Pero mi discurso en la conferencia general es muy diferente.  Por lo general, hago entre doce y quince borradores para estar seguro de lo que el Señor desearía que yo diga”.  Desde entonces, muchas veces me he preguntado si un apóstol hace entre doce y quince borradores, ¿es agradable al Señor si escucho o leo su mensaje una o dos veces?  No lo creo” (Neil L. Andersen, “<em>Teaching Our Children to Love the Prophets</em>”, Ensign, abril de 1996, 44)</p>
<p>Harold B. Lee les pidió a los miembros que consideren la última conferencia como una guía para vivir los siguientes seis meses.  Los discursos pueden encontrarse en las revistas de la iglesia.  Dentro de pocos días, estarán en la Internet y puede tener acceso a ellas desde su casa o la biblioteca pública.  Lea un discurso cada semana, o vea el video cada domingo.  Después, escoja lo que usted puede hacer esa semana para vivir las enseñanzas dadas en el discurso.  Dé a cada miembro de su familia una copia del discurso para que lo coloquen en un cuaderno de conferencias y pídales que resalten las partes que consideren especialmente importantes para ellos.</p>
<p>Tal vez le interese saber que los oradores de la Conferencia General no tienen temas asignados.  Ellos oran y le preguntan a Dios de qué deberían hablar ese día.  Por lo tanto, cuando escuche hablar a varias personas sobre el mismo tema, usted ya sabrá que se debe tratar de un tema de especial preocupación para el Señor.  Preste atención a los temas específicos de los líderes porque esto le dirá cuáles son los planes de Dios en ese momento.  Piense que es un privilegio, cada seis meses, saber lo que Dios ha estado pensando. Este es un regalo que la Conferencia General nos da.</p>
<p>Empiece a planear hoy el hacer que la Conferencia General sea una experiencia personal.  ¿Hay un algún asunto especial con el que está lidiando?  Ore para que usted encuentre la respuesta en la Conferencia General.  Seleccione a una o dos Autoridades Generales y aprenda más sobre ellas.  Investigue para descubrir lo que les gusta hablar.  Si se les pide hablar en esa conferencia, usted sabrá algo sobre sus vidas y los temas que más les importan.  Podrá encontrar más significado en sus discursos cuando conozca su trayectoria.</p>
<p>Si usted no es un miembro SUD, considere el utilizar la próxima conferencia para obtener más información acerca de los mormones.  Si alguien quiere saber más de su vida, usted querría que venga a usted para obtener la información, no que vaya a alguien que no lo conoce bien.  Los mormones piden la misma consideración. Puede prepararse para la conferencia a través de la lectura de los discursos pronunciados en las conferencias anteriores y mediante la lectura de las biografías de los actuales líderes que podrían tomar la palabra.</p>
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		<title>El Presidente Monson enseña a través de citas</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 18:23:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Thomas S. Monson, el presidente de la Iglesia Mormona, es considerado como uno de los mejores líderes de la iglesia en la historia.  Puede recitar cientos de poemas de memoria y ameniza sus discursos con un poco de literatura clásica a fin de transmitir enseñanzas morales.  A continuación, algunos de los libros que comparte para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Thomas S. Monson, el presidente de <a class="internal_link_tool_la iglesia mormona" href="http://www.losmormones.org/">la Iglesia Mormona</a>, es considerado como uno de los mejores líderes de la iglesia en la historia.  Puede recitar cientos de poemas de memoria y ameniza sus discursos con un poco de literatura clásica a fin de transmitir enseñanzas morales.  A continuación, algunos de los libros que comparte para ayudar a los oyentes a aprender a vivir su religión.  También, pueden servir como guía para nuestra propia lectura.</p>
<p><strong>Nuestra ciudad, de Thornton Wilder</strong></p>
<p>Tal vez algunos de ustedes estén familiarizados con la novela clásica de Thornton Wilder, titulada <em>Nuestra ciudad</em>.  Si es así, recordarán la ciudad de Grover’s Corners, donde el relato se lleva a cabo.  En la obra, Emily Webb muere al dar a luz, y nos enteramos de la angustiosa soledad de su joven esposo, George, quien se quedó con su hijito de cuatro años.  Emily no desea descansar en paz; desea volver a sentir las alegrías de su vida, por lo que se le concede el privilegio de volver a la tierra y revivir su décimo segundo cumpleaños.  Al principio es emocionante ser joven de nuevo, pero muy pronto se esfuma esa alegría.  El día ya no es divertido, ahora que Emily sabe lo que le aguarda en el futuro.  Es un dolor insoportable al darse cuenta de que había estado totalmente ajena al significado y a la maravilla de la vida mientras vivía.  Antes de volver a su última morada, Emily se lamenta: “¿Son conscientes los seres humanos de la vida mientras aún la viven, en todos y cada uno de los minutos?”.</p>
<p>El que nos demos cuenta de lo que es más importante en la vida va de la mano con la gratitud que sentimos por nuestras bendiciones. (<a href="http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-970-26,00.html">Encontrar gozo en el trayecto</a>)</p>
<p><strong><span id="more-100"></span></strong></p>
<p><strong>La vida del rey Enrique VIII</strong></p>
<p>En la obra <em>La vida del rey Enrique VIII</em>, Shakespeare enseñó esta verdad por conducto del Cardenal Wolsey, un hombre que disfrutaba de gran prestigio y orgullo por motivo de su amistad con el rey.  Al terminar esa amistad, al cardenal Wolsey se le despojó de su autoridad, lo que resultó en una pérdida de prominencia y prestigio.  Él fue uno que lo había ganado todo para después perderlo todo.  En el pesar de su corazón, él le dijo una auténtica verdad a su criado Cromwell:</p>
<p><em>¡Oh Cromwell, Cromwell!</em><br />
<em>De haber servido a mi Dios con sólo</em><br />
<em>la mitad de celo </em><br />
<em>que he puesto en servir a mi rey, </em><br />
<em>no me hubiera entregado éste, a mi vejez,</em><br />
<em>desnudo, al furor de mis enemigos<sup><a href="http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-777-22,00.html#notes">4</a></sup>.</em></p>
<p><a href="http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-777-22,00.html">Un real sacerdocio</a></p>
<p><strong>Camelot</strong></p>
<p>Muchas de ustedes conocerán la obra <em>Camelot</em>.  Quisiera compartir con ustedes uno de mis pasajes predilectos de esa producción.  Al escalar las dificultades entre el rey Arturo, Sir Lancelot y la reina Ginebra, el rey advierte: “No debemos permitir que nuestras pasiones destruyan nuestros sueños”.  Esta misma súplica quisiera dejar con ustedes hoy: No permitan que sus pasiones destruyan sus sueños.  Rechacen las tentaciones. (<a href="http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-521-38,00.html">Sean un ejemplo</a>)</p>
<p><strong>Alicia en el país de las maravillas</strong></p>
<p>Como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, nuestra meta es alcanzar la gloria celestial.</p>
<p>No seamos indecisos como Alicia, en la obra clásica de Lewis Carroll, <em>Alicia en el país de las maravillas</em>.  Tal vez recuerden que ella llegó a una encrucijada con dos caminos que la llevaban adelante, pero en direcciones opuestas. A hí se enfrenta al gato de Cheshire, al que pregunta: “¿Qué camino debo seguir?”.</p>
<p>El gato le responde: “Eso depende de a dónde quieras ir.  Si no sabes a dónde quieres ir, no tiene importancia cuál de los caminos tomes”.</p>
<p>A diferencia de Alicia, todos sabemos a dónde queremos ir; y sí <em>es</em> importante en qué dirección vayamos, pues el sendero que tomemos en esta vida, seguramente nos llevará al que sigamos en la vida venidera.</p>
<p>Cada uno de nosotros debe recordar que es un hijo o una hija de Dios, investido de fe, dotado de valor y guiado por la oración.  Nuestro destino eterno está delante de nosotros.  El apóstol Pablo nos habla actualmente igual que habló a Timoteo hace ya muchos años: “No descuides el don que hay en ti…”. “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado…”. (<a href="http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-481-21,00.html">Escogeos hoy</a>)</p>
<p>A veces permitimos que los pensamientos del mañana ocupen mucho del presente.  El soñar en el pasado y añorar el futuro quizás brinde consuelo, pero no tomará el lugar de vivir en el presente.  Hoy es el día de nuestra oportunidad, y debemos aprovecharla.</p>
<p>El profesor Harold Hill, en la obra <em>The Music Man</em>, de Meredith Wilson, hizo la advertencia: “Si amontonas suficientes mañanas, descubrirás que has coleccionado muchos ayeres vacíos”.</p>
<p>No habrá mañanas que recordar si no hacemos algo hoy, y a fin de vivir hoy más plenamente, debemos hacer lo que es de mayor importancia.  No dejemos para después las cosas que son más importantes. (<a href="http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-355-6,00.html">En busca de tesoros</a>)</p>
<p><strong>Grandes esperanzas</strong></p>
<p>Hace mucho, el renombrado escritor Charles Dickens escribió acerca de las oportunidades que nos aguardan en el futuro.  En el libro clásico titulado <em>Grandes esperanzas,</em> Dickens describió a un niño llamado Philip Pirrip, más comúnmente conocido como “Pip”.  Pip nació en circunstancias poco comunes: era huérfano y deseaba de todo corazón llegar a ser erudito y caballero.  No obstante, todas sus ambiciones y esperanzas parecían estar destinadas al fracaso.  Jóvenes, ¿no se sienten así a veces?  ¿Pensamos los que somos mayores de esa misma manera?</p>
<p>Entonces un día, un abogado londinense llamado Jaggers se acercó al pequeño Pip y le dijo que un bienhechor desconocido le había heredado una fortuna.  El abogado pasó su brazo alrededor del hombro de Pip y le dijo: “Hijo, tienes grandes esperanzas”.</p>
<p>Esta noche, al verlos a ustedes, jovencitos, y al darme cuenta de quiénes son y de lo que pueden llegar a ser, declaro: “Ustedes tienen grandes esperanzas”, no como resultado de un bienhechor desconocido, sino como resultado de un bienhechor conocido, sí, nuestro Padre Celestial, y se esperan grandes cosas de ustedes.</p>
<p>La jornada de la vida no se viaja por una autopista libre de obstáculos, dificultades y trampas; por el contrario, es un sendero marcado por bifurcaciones y curvas.  Constantemente tenemos que tomar decisiones y, a fin de tomarlas con prudencia, se necesita valor, el valor para decir “No” y el valor para decir “Sí”, ya que las decisiones determinan el destino. (<a href="http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-442-21,00.html">El llamado al valor</a>)</p>
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		<title>Citas de Thomas Monson sobre el valor</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 18:12:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Valor para evitar el pecado Mis jóvenes amigos, sean fuertes.  Estamos rodeados de las filosofías de los hombres.  Hoy día, la cara del pecado muchas veces lleva la máscara de la tolerancia.  No sean engañados; detrás de esa fachada está la congoja, la desdicha y el dolor.  Ustedes saben lo que es bueno y lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Valor para evitar el pecado </strong></p>
<p>Mis jóvenes amigos, sean fuertes.  Estamos rodeados de las filosofías de los hombres.  Hoy día, la cara del pecado muchas veces lleva la máscara de la tolerancia.  No sean engañados; detrás de esa fachada está la congoja, la desdicha y el dolor.  Ustedes saben lo que es bueno y lo que es malo, y ningún disfraz, no importa cuán atractivo sea, puede cambiar ese hecho. El carácter de la transgresión sigue siendo el mismo.  Si los que supuestamente son sus amigos los instan a hacer algo que ustedes saben que es malo, sean <em>ustedes </em>los que defiendan lo correcto, aunque tengan que estar solos.  Tengan el valor moral para ser una luz para los demás.  No hay amigo más valioso que su propia conciencia tranquila, su propia pureza moral, y ¡qué glorioso sentimiento es saber que están en el lugar señalado, limpios, y con la confianza de que son dignos de estar allí!</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/LI_2008_05___02285_002_000.pdf">Ejemplos de rectitud</a>”, <em>Liahona, mayo de </em>2008, págs. 65-68</p>
<p><strong>José Smith</strong></p>
<p>Ninguna descripción de modelos que debemos seguir estaría completa si no se incluyera a <a href="http://es.mormonwiki.com/Jos%C3%A9_Smith">José Smith</a>, el primer profeta de esta dispensación.  Cuando sólo tenía catorce años de edad, este valiente jovencito se internó en una arboleda, a la que más tarde se le llamaría sagrada, y recibió una respuesta a su sincera oración.</p>
<p>José fue objeto de implacable persecución al dar a conocer a otras personas el relato de la gloriosa visión que había recibido en esa arboleda.  No obstante, a pesar de que se le ridiculizó y menospreció, permaneció firme.  Él dijo: “&#8230;había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo”.</p>
<p><span id="more-94"></span></p>
<p>Paso por paso, haciendo frente a la oposición casi constantemente, y teniendo siempre la guía de la mano del Señor, José organizó <a href="http://es.mormonwiki.com/La_Iglesia_de_Jesucristo_de_los_Santos_de_los_Ultimos_Dias">La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días</a>.  En todo lo que hizo demostró su valor.</p>
<p>Hacia el fin de su vida, cuando él y su hermano Hyrum eran llevados a la cárcel de Cartago, con valor enfrentó lo que indudablemente sabía que le esperaba, y selló su testimonio con su sangre.</p>
<p>Al hacer frente a las pruebas de la vida, ruego que siempre emulemos el valor que demostró el profeta José Smith.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/Nov2002Liahona002.pdf">Modelos que debemos seguir</a> ”, <em>Liahona, </em>noviembre de 2002, pág. 60</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Valor para hacer frente a la multitud que se burla</strong></p>
<p>Todos se sintieron fortalecidos por las palabras de Moisés: “Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo… porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará”.  Él no los dejó ni nos dejará a nosotros; no los desamparó ni nos desamparará a nosotros.</p>
<p>Esta dulce seguridad es la que puede guiarnos, a ustedes y a mí, en nuestra época, en nuestros días, en nuestras vidas.  Sin duda, sentiremos temor, soportaremos burlas y experimentaremos oposición.  Tengamos el valor de desafiar la opinión popular, el valor de defender lo que sea justo.  El tener valor y no transigir es lo que trae la aprobación de</p>
<p>Dios. El valor llega a ser una virtud real y atractiva cuando no sólo se considera como el estar dispuesto a morir con hombría, sino también como una determinación de vivir con decencia.  Un cobarde moral es el que tiene miedo de hacer lo que sabe que es correcto porque otros puedan estar en su contra o burlarse de él.  Recuerden que todos los hombres tienen sus temores, pero los que enfrentan sus temores con dignidad también son valientes.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/5-2004-Liahona002/May2004Liahona002.pdf">El llamado al valor</a>”, <em>Liahona</em>, mayo de 2004, pág. 54</p>
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		<title>Thomas S. Monson sobre la paz</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 17:53:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Delmy</dc:creator>
				<category><![CDATA[Discursos]]></category>
		<category><![CDATA[Paz]]></category>
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		<category><![CDATA[problemas personales]]></category>

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		<description><![CDATA[La paz, en el mundo espiritual, se refiere a un proceso de perfeccionamiento interno, no político.  A continuación, encontrará los pensamientos de Thomas S. Monson sobre cómo podemos obtener la paz personal. La paz mundial La paz mundial, aunque es un objetivo encomiable, sólo es el fruto de la paz individual que todos queremos obtener. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La paz, en el mundo espiritual, se refiere a un proceso de perfeccionamiento interno, no político.  A continuación, encontrará los pensamientos de Thomas S. Monson sobre cómo podemos obtener la paz personal.</p>
<p><strong>La paz mundial </strong></p>
<p>La paz mundial, aunque es un objetivo encomiable, sólo es el fruto de la paz individual que todos queremos obtener.  Y no me refiero a la paz que promueve el hombre, sino a la paz que Dios promete.  Hablo de la paz en nuestros hogares, la paz en nuestro corazón, la paz en nuestra vida personal.  La paz forjada por el hombre es efímera.  La paz de Dios es imperecedera.  Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/3-2004-Liahona002/Mar2004Liahona002.pdf">La búsqueda de la paz</a>”, Liahona, marzo de 2004, pág. 3-7.</p>
<p><strong>La paz a través del Salvador</strong></p>
<p>Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que fue sobrecargado con “dolores, experimentado en quebranto”, habla a todo corazón atribulado y le concede el don de la paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.  No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”<span id="more-90"></span></p>
<p>Él envía Su palabra por conducto de miles de misioneros que sirven a lo largo y ancho del mundo proclamando Su Evangelio de buenas nuevas y de paz.  Las desconcertantes preguntas, tales como: “¿De dónde vengo? ¿Qué propósito tiene mi existencia? ¿Adónde voy después de morir?” tienen respuesta a través de esos siervos especiales.  La frustración huye, la duda desaparece y la incertidumbre se desvanece cuando la verdad se imparte con convicción, a la vez que con un espíritu de humildad, por aquellos que han sido llamados a servir al Príncipe de paz, el Señor Jesucristo.  Su don se confiere de forma individual: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él”. Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/Dec2003Liahona002.pdf">Los regalos de la navidad</a>”, Liahona, diciembre de 2003, pág. 2.</p>
<p><strong>El camino a la paz en el mundo</strong></p>
<p>En un mundo en el que la paz es motivo de ansiedad universal, a menudo nos preguntamos por qué la violencia recorre nuestras calles, por qué se producen tantos asesinatos y homicidios que colman las columnas periodísticas, por qué hay tantas discordias y conflictos familiares que atentan contra la santidad del hogar y ahogan la tranquilidad de tantas vidas.</p>
<p>Quizás nos apartamos del sendero que conduce a la paz, sólo para descubrir que es menester efectuar una pausa para meditar y reflexionar acerca de las enseñanzas del</p>
<p>Príncipe de paz, y nos propongamos entonces adoptarlas en nuestros pensamientos y hechos, y vivir conforme a una ley superior, andar por caminos más excelentes y ser mejores discípulos de Cristo.</p>
<p>La devastación que el hambre provoca en África, las brutalidades del odio en Oriente</p>
<p>Medio y las contiendas raciales en todo el globo nos recuerdan que la paz que anhelamos no se consigue sin esfuerzo y determinación.  El odio, la ira y la contención son enemigos difíciles de controlar.  En su ataque asolador, estos enemigos ocasionan inevitablemente lágrimas de pesar, la aflicción que resulta del antagonismo y la destrucción de las esperanzas.  Su influencia se extiende no solamente a los campos de batalla sino que también se observan a menudo en los hogares y en los corazones.  Muchos olvidan demasiado pronto y recuerdan demasiado tarde el consejo del Señor, que dice: “&#8230;no habrá disputas entre vosotros&#8230;</p>
<p>“Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros.</p>
<p>“He aquí, ésta no es mi doctrina, agitar con ira el corazón de los hombres, el uno contra el otro; antes bien mi doctrina es ésta, que se acaben tales cosas”.  Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/3-2004-Liahona002/Mar2004Liahona002.pdf">La búsqueda de la paz</a>” Liahona, marzo de 2004, pág. 3.</p>
<p><strong>La paz en los problemas personales</strong></p>
<p>Madres y padres que esperan ansiosos la llegada de un anhelado bebé a veces se enteran de que la criatura no se encuentra bien; se enfrentan a un cuerpecito que carece de un miembro, cuyos ojos no ven, que ha sufrido daño cerebral o que padece el llamado “síndrome de Down”, y se quedan confusos, llenos de dolor, buscando a tientas una esperanza.</p>
<p>Entonces se produce el inevitable sentimiento de culpabilidad, las acusaciones por descuido y las preguntas de siempre: “¿Por qué una tragedia así en nuestra familia?”, “¿Por qué no hice que se quedara en casa?”, “¡Si no hubiera ido a esa fiesta!”, “¿Cómo pudo suceder eso?”, “¿Dónde estaba Dios?”, “¿Dónde estaba el ángel guardián?”.  El “si”, el “por qué”, el “dónde”, el “cómo”—esas palabras recurrentes— no devuelven al hijo perdido, no otorgan al cuerpo la perfección, ni hacen realidad los planes de los padres ni los sueños de la juventud.  Ni la autocompasión, ni el aislamiento ni la profunda desesperación pueden brindar la paz, la tranquilidad y la ayuda que se necesitan.  En cambio, debemos seguir adelante, mirar hacia lo alto, avanzar y elevarnos hacia lo celestial.</p>
<p>Es imperativo que reconozcamos que lo que nos ha pasado también ha sucedido a otras personas. Ellas se han sobrepuesto y nosotros debemos hacerlo también. No estamos solos; la ayuda de nuestro Padre Celestial está a nuestro alcance. Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/7-2004-Liahona002/Jul2004Liahona002.pdf">Milagros de fe</a>”, Liahona, julio de 2004, pág. 4.</p>
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