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	<title>Thomas S. Monson &#187; Historias</title>
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	<description>Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días </description>
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		<title>¿Qué enseña el profeta mormón sobre la obra misional?</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Jun 2011 17:24:23 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Cuando Jesucristo comenzó su misión en la tierra, escogió apóstoles para que le ayudaran. Estos apóstoles continuaron dirigiendo la iglesia después de Su crucifixión y resurrección. Sirvieron como misioneros diligentes, saliendo al mundo para enseñar el Evangelio. Jesucristo mismo trabajó para enseñar el Evangelio a todos los que venían a su paso. A veces la [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/504/sobre-la-obra-misional' addthis:title='¿Qué enseña el profeta mormón sobre la obra misional?' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
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			   </div><p>Cuando Jesucristo comenzó su misión en la tierra, escogió apóstoles para que le ayudaran. Estos apóstoles continuaron dirigiendo la iglesia después de Su crucifixión y resurrección. Sirvieron como misioneros diligentes, saliendo al mundo para enseñar el Evangelio. Jesucristo mismo trabajó para enseñar el Evangelio a todos los que venían a su paso. A veces la gente optaba por acercarse a Él, pero otras veces Él se acercaba a ellos. Él y los apóstoles sabían que tenían un mensaje que cambiaría sus vidas si sólo fuera escuchado, por lo que tuvieron el valor de acercarse a la gente y compartir ese mensaje. Cuando amamos a la gente queremos que tengan todo lo necesario para que sean felices y para los cristianos, esto incluye al evangelio. De hecho, los cristianos saben que Jesucristo es el aspecto más importante del verdadero gozo. La obra misional es un acto de amor.</p>
<p><a href="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2011/06/missionaries-elders-mormon-300x196.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-505" src="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2011/06/missionaries-elders-mormon-300x196.jpg" alt="" width="300" height="196" /></a>Por esta razón, los <a href="http://es.mormonwiki.com/Misioneros_Mormones" class="external_link_tool">mormones</a> tienen un extenso programa misional. Siguen el consejo del Salvador para compartir Su mensaje con el mundo.</p>
<p>“19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo:</p>
<p>“20 Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”</p>
<p>A Thomas Monson, el profeta <a href="http://www.laiglesiamormona.com/libro_de_mormon" class="external_link_tool">mormón</a>, le encanta hablar sobre la obra misional. Aunque no sirvió en una misión cuando era un hombre joven, porque sirvió en la Armada, trabajó como presidente de misión cuando tenía sólo treinta y un años, una edad inusualmente joven. Él, su esposa y sus hijos vivieron en Toronto, Canadá, por varios años, supervisando la obra misional en ese país. Desde entonces, el presidente Monson ha recorrido la mayor parte de las misiones de la Iglesia y había tenido todos los cargos en el Departamento Misional, y como resultado, tenía más conocimiento de la obra misional por medio de su  servicio a la Iglesia que casi cualquier otro líder de la Iglesia pasado o actual.</p>
<p>Dado que la obra misional es un amor particular de Thomas S. Monson, habla de ella con frecuencia.</p>
<p>Hay muchas formas en las que un <a href="http://seminary.lds.org/content/languages/spanish/Seminary%20Materials/Student%20Study%20Guides/Book%20of%20Mormon%20Seminary%20Student%20Study%20Guide~spa.pdf" class="external_link_tool">mormón</a> puede ser un misionero del Señor. Un joven puede, como parte de su servicio en el sacerdocio (<a href="http://laiglesiamormona.com/" class="external_link_tool">los mormones</a> tienen un sacerdocio laico para todos los varones dignos desde los doce años) pasar dos años viviendo lejos de casa como misionero. Cubre sus propios gastos y vive bajo unas estrictas normas durante este tiempo. Es un tiempo para desarrollar la autodisciplina y un testimonio fuerte, pero lo más importante, es un momento para enseñar a otros acerca de Jesucristo. Un joven que se lleva su misión con la actitud apropiada volverá a casa con un amor por la cultura en que sirvió, posiblemente, un nuevo lenguaje, el dominio de sí mismo para tener éxito en todo lo que se proponga, y un poderoso testimonio de Jesucristo y las bendiciones que vienen de servir al Señor.</p>
<p>Las mujeres también pueden servir en una misión fuera de casa, saliendo a los 21 años y permaneciendo en ella durante dieciocho meses. Si bien no tienen la misma expectativa de ir, ya que no tienen el sacerdocio, muchas mujeres jóvenes optan por hacerlo y, a menudo pueden llegar a las personas que los hombres no pueden llegar.</p>
<p>Las parejas mayores con frecuencia sirven juntos en una misión después de su jubilación y también lo hacen los solteros jubilados. También viajan por sus propios medios a donde sean enviados.</p>
<p>Algunas personas optan por servir a tiempo parcial desde su casa. A estos misioneros se les llama misioneros de barrio y cualquier adulto puede servir en una misión de barrio siempre que sea digno y sea llamado a hacerlo.</p>
<p>Por último, la Iglesia anima a todos los miembros a ser misioneros. Sin un llamamiento específico, cada mormón puede compartir el evangelio a través de sus acciones y palabras con las personas con las que se relaciona en su propia vida.</p>
<p>A Pedro y a Juan, los pescadores que llegaron a ser Apóstoles, les advirtieron que no predicaran de Cristo crucificado. La respuesta de ellos fue categórica: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios, porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”. (Hechos 4:19-20).</p>
<p>Pablo, el Apóstol, aquel excelente testigo de la verdad, nos hablaba a todos nosotros–a los miembros y a los misioneros por igual–al aconsejar a su amado amigo Timoteo: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino se ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12).</p>
<p>El élder Delbert Stapley, que fue miembro del Consejo de los Doce hace varios años, citó de la epístola de Pablo a los romanos: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación…” (Romanos 1:16). Y a continuación agregó: “Si no nos avergonzamos del Evangelio de Cristo, no debemos avergonzarnos de vivirlo. Y si no nos avergonzamos de vivirlo, no debemos avergonzarnos de darlo a conocer” (Thomas S. Monson, “Que Todos Oigan”, Nueva Era, nayo de 1996, pág. 4).</p>
<p>Thomas Monson alienta a todos los hombres y mujeres jóvenes o personas mayores que quieren ir a servir en una misión. Él enseña que será una experiencia que cambiará sus vidas. ¿Qué mejor manera de aprender a conocer y amar al Salvador que pasar dos años de su vida sirviéndole y enseñando acerca de él? Como resultado de ello, anima a los jóvenes a prepararse seriamente para la misión. Mediante el tener ya un testimonio y vivir bajo las normas de vida de un misionero, una persona joven puede obtener lo mejor de su misión.</p>
<p>Los misioneros son llamados a enseñar el Evangelio de Jesucristo. Thomas Monson enseñó lo siguiente acerca del mensaje que los misioneros ofrecen:</p>
<p>¿Qué es el Evangelio? Es el mensaje que llevamos, un mensaje que declara que un ángel voló en medio del cielo y que el evangelio de Jesucristo fue restaurado. Si recordamos eso y los demás elementos del mensaje que los misioneros dan, seremos eficaces. En ese mensaje está el Libro de Mormón, el cual forma parte integral de la biblioteca de todos los misioneros: interna, lo que sabe, y externa, lo que enseña.</p>
<p>El Libro de Mormón, la verdadera naturaleza de la Divinidad; el mundo tiene hambre de aprender este mensaje. Es parte de lo que los misioneros llevarán a las personas.</p>
<p>Otro elemento que he encontrado muy importante es que la Iglesia se basa en un fundamento de apóstoles y profetas, siendo Jesucristo mismo la principal piedra angular (ver Efesios 2:20). Y enfatizamos en un profeta “viviente” en la actualidad. Testifico que el Presidente Hinckley es un profeta viviente––el profeta, vidente y revelador de la Iglesia.</p>
<p>Si yo pudiera poner mi dedo en esa parte del evangelio que parece penetrar en un rango más amplio de personas y penetrar más profundamente en sus corazones y sus almas y moverlos a la acción, es el plan de salvación, o el plan de nuestro Padre Celestial: de dónde venimos; por qué estamos aquí, a dónde vamos cuando salimos de la mortalidad.</p>
<p>Ha sido mi observación de que la piedra de tropiezo para los investigadores no es la Palabra de Sabiduría. No es la observancia del día de reposo. Es un testimonio de que José Smith es un profeta de Dios. Es muy importante que declaremos ese mensaje. El mensaje es divino. Recuerden eso  (Thomas S. Monson, &#8220;Las Cinco M de la obra misional&#8221;, New Era-revista para la juventud, en inglés, marzo de 2007, 42-45).</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/504/sobre-la-obra-misional' addthis:title='¿Qué enseña el profeta mormón sobre la obra misional?' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>El día en que Thomas S. Monson salvó una vida</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Apr 2011 14:23:33 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Cuando Thomas Monson, el profeta mormón, tenía aproximadamente doce o trece años,, tuvo la oportunidad de salvar la vida de alguien. Para él, esta era una lección en la que Dios hacía sus obras mediante ellos, colocándolos donde se les necesitara, además, la importancia de estar preparado para servir donde Dios lo necesite. Su familia [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/480/el-dia-en-que-thomas-s-monson-salvo-una-vida' addthis:title='El día en que Thomas S. Monson salvó una vida' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
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			   </div><p>Cuando Thomas Monson, el profeta <a class="external_link_tool" href="http://lds.org/scriptures/bofm/morm?lang=spa">mormón</a>, tenía aproximadamente doce o trece años,, tuvo la oportunidad de salvar la vida de alguien. Para él, esta era una lección en la que Dios hacía sus obras mediante ellos, colocándolos donde se les necesitara, además, la importancia de estar preparado para servir donde Dios lo necesite.</p>
<p>Su familia pasaba el verano en el Cañón de Provo en Utah. Él aprendió a nadar en el río de Provo y por lo general disfrutaba las tardes cálidas flotando corriente abajo en una antigua cámara de uno de los neumáticos del tractor. Él conocía cada techo del río y aún así no tenía miedo.<span id="more-480"></span></p>
<p>Sin embargo, para aquellos que no conocían el río, a veces resultaba peligroso. Los griegos que estaban en Provo realizaban un picnic anual a lo largo del río y algunos se divertían tomando un tiempo para nadar. Ese año en particular, los nadadores entraron al agua a altas horas del día, cuando todos se habían ido. Ellos habían nadado sólo en piscinas y no en ríos de rápidas corrientes y una mujer se cayó de una roca. Ninguna de las personas que estaba con ella podía nadar lo suficiente para ayudarla, ya que éste era el lugar más rápido del río.</p>
<p>Thomas Monson estaba apenas entrando al lugar cuando escuchó que las personas gritaban pidiendo auxilio. Ella se hundió dos veces antes de que él pudiera alcanzar a la mujer y justo cuando empezaba a hundirse por tercera vez, él pudo agarrarla con su mano. Él la jaló hasta su cámara y la llevó a la parte más tranquila del río donde esperaba su familia. Él estaba, como estaría la mayoría de los chicos de su edad, avergonzado cuando lo empezaron a abrazar y besar, agradeciéndole por haberla salvado. Él escapó tan rápido como le fue posible de sus elogios y continuó su viaje. Él empezó a darse cuenta de que él, sólo un muchacho, había tenido la oportunidad de salvar una vida.</p>
<p>Sobre esta experiencia, él escribió:</p>
<p>El Padre Celestial había escuchado las suplicas: “¡Sálvenla! ¡Sálvenla!”, y me permitió a mí, un diácono, flotar por ahí en el preciso momento en que se me necesitaba. Ese día aprendí que el sentimiento más dulce que se puede experimentar en la mortalidad es el de darse cuenta de que Dios, nuestro Padre Celestial, conoce a cada uno de nosotros y nos permite generosamente ver y compartir Su poder divino para salvar (Thomas S. Monson, “Al que honra a Dios, Dios le honra”, Conferencia General de octubre de 1995).</p>
<p>En los siguientes años, Thomas Monson tendrían otras oportunidades para salvar vidas, la mayoría mediante su sacerdocio. <a class="external_link_tool" href="http://creenciasmormonas.com/">La Iglesia Mormona</a> tiene un ministerio laico y todos los chicos y hombres mayores de doce años que sean dignos, pueden recibir el sacerdocio. Ésta es la razón por la que el Presidente Monson se refirió a sí mismo como un diácono en la cita anterior. Ese es el primer oficio del sacerdocio que un joven posee.</p>
<p>A los oficiantes mayores del sacerdocio se les otorga el don de la imposición de manos. Cuando una persona está enferma, herida, o necesita tranquilidad o guía, las personas que poseen el sacerdocio pueden colocar sus manos en la cabeza de esa persona, y mediante el poder del sacerdocio que Dios les ha otorgado, pueden ofrecer una oración que puede, mediante Dios, curar. Por supuesto, no todas las personas que reciben una bendición se curan. Todos deben en algún tiempo morir y a veces nuestras pruebas son para nuestro propio bien o tienen otro propósito. Sin embargo, la bendición coloca al receptor de manera firme en las manos de Dios y trae seguridad de que todo será como Dios lo ha planeado.</p>
<p>Él cuenta la historia cuando fue llamado por primera vez a usar su sacerdocio con el fin de curar a alguien:</p>
<p>Durante las últimas fases de la Segunda Guerra Mundial, cumplí los 18 años y me ordenaron élder, una semana antes de ingresar en la Marina, en el servicio activo. Un miembro del obispado de mi barrio estaba en la estación para despedirme. Justo antes de subir al tren, me dio un libro que tengo aquí frente a ustedes esta noche. El título es el “<em>Manual Misional</em>”. Yo me reí y le dije: “Estaré en la Marina, no en una misión”. Él me contestó: “Llévatelo igual. Tal vez te sea útil”.</p>
<p>Y lo fue. Durante el entrenamiento básico, el comandante de la compañía nos enseñó cómo empacar la ropa en una bolsa grande de marinero. Después nos aconsejó: “Si tienen un objeto duro y rectangular para poner en el fondo de la bolsa, su ropa se mantendrá más firme”. Yo pensé, “¿dónde voy a encontrar algo rectangular y duro?”, pero de inmediato recordé el objeto rectangular adecuado, el <em>Manual Misional,</em> y de esa manera lo utilicé durante doce semanas.</p>
<p>Como siempre, la noche antes de salir para el receso de Navidad, pensábamos en casa. Había silencio en las barracas; pero de pronto me di cuenta de que mi compañero que tenía su litera al lado mío, un miembro de la Iglesia, Leland Merril, se quejaba de dolor. Le pregunté: “¿Qué te pasa Merrill?”.</p>
<p>Contestó: “Estoy enfermo, realmente enfermo”.</p>
<p>Le aconsejé que fuera al dispensario de la base, pero me contestó que sabía que si lo hacía no podría ir a casa a pasar la Navidad. Entonces le sugerí que se quedara quieto, ya que si no iba a despertar a todo el cuartel.</p>
<p>Las horas se prolongaron y sus quejidos eran cada vez más fuertes. Entonces, en desesperación susurró: “Monson, ¿tú eres un élder, verdad?”. Le dije que sí lo era, tras lo cual me rogó: “Dame una bendición”.</p>
<p>Me di cuenta de que nunca había dado una bendición; nunca había recibido una bendición, ni tampoco había observado dar una bendición. Oré al Señor pidiendo Su ayuda, y recibí una respuesta: “Mira en el fondo de tu bolsa de marinero”. Por lo tanto, a las 2:00 de la mañana, vacié el contenido de mi bolsa en el piso, saqué el objeto duro y rectangular, el <em>Manual Misional,</em> lo acerqué a la luz y leí cómo bendecir a una persona enferma. Ante la mirada curiosa de alrededor de ciento veinte marineros, le di una bendición. Antes de que guardara mis cosas, Leland Merrill dormía como un niño.</p>
<p>A la mañana siguiente, Merrill, me dijo con una sonrisa: “Monson, ¡me alegro de que tengas el sacerdocio!”. Sólo mi agradecimiento superó su alegría; agradecimiento no sólo por el sacerdocio sino por ser digno de recibir la ayuda que se requería en un momento de inmensa necesidad y por ser digno de ejercer el poder del sacerdocio. (Thomas S. Monson, <a href="http://lds.org/conference/talk/display/0,5232,23-3-691-22,00.html">“El Sacerdocio: Un don sagrado”</a>, dirigido en la conferencia general de abril de 2007).</p>
<p>Hoy, como el profeta <a href="http://www.allaboutmormons.com/malentendidos_jesucristo_dios_el_padre_cristianismo_jose_smith.php" class="external_link_tool">mormón</a>, Thomas Monson participa en un papel aún más importante como un salvavidas. Hoy, su principal responsabilidad es dirigir a las personas a ser salvas en el reino de dios. Él está llamado específicamente a testificar de Jesucristo y a animar a las personas a amar y seguir a Jesús.</p>
<p>Uno de los muchos testimonios que Thomas Monson ha ofrecido del Salvador es este:</p>
<p>Con todo mi corazón y el fervor de mi alma levanto mi voz en testimonio, como testigo especial, y declaro que Dios vive; Jesús es Su Hijo, el Unigénito del Padre en la carne. Él es nuestro Redentor y nuestro Mediador ante el Padre. Fue Él quien murió en la cruz para expiar nuestros pecados. Él fue las primicias de la resurrección, y gracias a Su muerte todos volveremos a vivir. Cuán dulce es el gozo que dan estas palabras: “¡Yo sé que vive mi Señor!”. Ruego que todo el mundo lo sepa y viva de acuerdo con este conocimiento. Es mi humilde súplica, en el nombre de Jesucristo, el Señor y Salvador. Amén. (Thomas S. Monson, <a href="http://lds.org/conference/talk/display/0,5232,23-3-691-9,00.html">“¡Yo sé que vive mi Señor!”</a>, Conferencia general de abril de 2007).</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/480/el-dia-en-que-thomas-s-monson-salvo-una-vida' addthis:title='El día en que Thomas S. Monson salvó una vida' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>¿Qué piensan los mormones acerca de las familias?</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Apr 2011 03:38:22 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Los mormones creen que la familia es la unidad más importante en el plan de Dios para nuestro tiempo en la tierra.  Consideran que las familias son ordenadas por Dios y creadas para ayudarnos a alcanzar nuestras metas eternas. Los mormones tienen una creencia acerca de las familias que es muy singular y que es [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/474/%c2%bfque-piensan-los-mormones-acerca-de-las-familias' addthis:title='¿Qué piensan los mormones acerca de las familias?' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
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						</div>
			   </div><p><a href="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2011/04/big-family-mormon.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-475" src="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2011/04/big-family-mormon-300x240.jpg" alt="" width="300" height="240" /></a>Los <a class="external_link_tool" href="http://www.lds.org.ar/">mormones</a> creen que la familia es la unidad más importante en el plan de Dios para nuestro tiempo en la tierra.  Consideran que las familias son ordenadas por Dios y creadas para ayudarnos a alcanzar nuestras metas eternas.</p>
<p><a class="external_link_tool" href="http://laiglesiamormona.com/">Los mormones</a> tienen una creencia acerca de las familias que es muy singular y que es reconfortante para los que están en duelo tras la muerte de un ser querido.  Las <a class="external_link_tool" href="http://mormon.org/learn/0,8672,1082-3,00.html">creencias mormonas</a> enseñan que las familias están destinadas a durar para siempre.</p>
<p>Dios tenía el propósito de que cada matrimonio tenga el potencial de durar para siempre.  Él no aboga por el divorcio, salvo en circunstancias específicas, tales como el abuso o la infidelidad.  En circunstancias normales, Él quiere que las parejas trabajen duro para que sus familias sean exitosas y, al no ser un abogado de divorcio, Él nunca forzaría a las parejas dignas a divorciarse en caso de fallecimiento de uno u otro cónyuge:<span id="more-474"></span></p>
<p>4 Y él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que <em>los hizo</em> al principio, hombre y mujer los hizo,</p>
<p>5 y dijo: Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos serán una sola carne.</p>
<p>6 Así que, no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios ha unido, no <em>lo</em> separe el hombre (<a href="http://lds.org/scriptures/nt/matt/19?lang=spa">Mateo 19</a>, versión de Reina-Valera de la Santa Biblia).</p>
<p>Jesús explicó que Moisés permitió el divorcio debido a la dureza de los corazones de las personas de su pueblo, pero que Dios no lo había permitido anteriormente.  El divorcio no es una invención de Dios y aquellos que lo elijen a la ligera tendrán que rendir cuentas sobre ello.</p>
<p>Dios tampoco sacaría a una persona de la familia que él o ella ama.  Muchos de nosotros hemos experimentado estar en un lugar o una situación maravillosa y el anhelo de que nuestras familias estén allí para compartir la experiencia.  De alguna manera, el no tenerlas quita la alegría del momento.</p>
<p>Dios nos ha prometido que en el Cielo seremos más felices de lo que alguna vez imaginamos que sería posible.  ¿Quién de nosotros que ama a alguien podría ser más feliz de lo que alguna vez imaginó, sin aquellos a quienes amamos?  Cuando vayamos al Cielo, vamos a ser nosotros mismos, llevando con nosotros lo que esté en nuestros corazones y mentes, incluyendo nuestro amor.  Vamos a ser capaces de vivir juntos como familias, tal como lo hicimos en la tierra, compartiendo los gozos de la eternidad juntos.</p>
<p>La mayoría de personas, incluso aquellas que piensan que no creen en las familias eternas, saben esto en lo profundo de sus corazones.  Sale a la luz cuando alguien muere y dicen: “Por lo menos mamá y papá están juntos otra vez”, o consuelan a un niño con la promesa de que “tu mamá está en el cielo y algún día la volverás a ver”.  Sus corazones saben lo que el mundo ha tratado de quitarles intelectualmente, que un Dios amoroso nos dará la oportunidad de estar juntos para siempre.  Estar de acuerdo en casarse con alguien por la eternidad es una garantía poderosa del amor que dos personas se tienen el uno al otro y es un consuelo para sus hijos. Los niños pueden crecer sintiéndose seguros y protegidos sabiendo que sus padres siempre serán suyos.</p>
<p>Los siguientes son algunos pensamientos que el actual profeta <a class="external_link_tool" href="http://es.fairmormon.org/Autenticidad_hist%C3%B3rica_del_Libro_de_Morm%C3%B3n">mormón</a>, Thomas S. Monson, tiene sobre el tema de las familias eternas.</p>
<p><strong>Edificar un hogar eterno</strong></p>
<p>Un hogar es mucho más que una casa construida de madera, ladrillos o piedra.  Un hogar se edifica con amor, sacrificio y respeto.  Nosotros somos responsables del hogar que edifiquemos, y debemos edificar con sabiduría, ya que la eternidad no es un viaje corto.  En él habrá tranquilidad y viento, luz del sol y sombras, alegría y pesar, pero si de verdad nos esforzamos, nuestro hogar puede ser un pedacito de cielo en la tierra.  Lo que pensemos, lo que hagamos, nuestro modo de vivir no sólo influyen en el éxito de nuestra jornada terrenal, sino que también señalan el sendero hacia nuestras metas eternas.</p>
<p>Algunas familias Santos de los Últimos Días están formadas por la madre, el padre y los hijos, todos viviendo dentro del seno del hogar, mientras que otras han visto alejarse primero a uno, luego a otro y a otro de sus miembros.  A veces una sola persona constituye una familia; pero cualquiera sea su composición, continúa siendo una familia, porque las familias son eternas.</p>
<p>Podemos aprender del Señor, el Supremo Arquitecto.  Él nos ha enseñado cómo edificar, y dijo que “toda… casa dividida contra sí misma, no permanecerá” (Mateo 12:25).  Más tarde, advirtió: “He aquí, mi casa es una casa de orden… y no de confusión” (D. y C. 132:8).</p>
<p>En una revelación que se dio a José Smith en Kirtland, Ohio, el 27 de diciembre de 1832, el Maestro aconsejó: “Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios” (D. y C. 88:119; véase también 109:8).</p>
<p>¿Dónde podríamos encontrar un diseño más apropiado para establecer sabia y adecuadamente nuestro hogar?  Este diseño cumpliría con las especificaciones descritas en Mateo, una casa edificada “sobre la roca” (Mateo 7:24, 25; véase también Lucas 6:48; 3 Nefi 14:24, 25), capaz de resistir las lluvias de la adversidad, los ríos de la oposición y los vientos de la duda que se encuentran presentes en todas partes del mundo cambiante y lleno de desafíos en el que vivimos.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://lds.org/churchmagazines/6-2006-Liahona002/Jun2006Liahona002.pdf">Hogares celestiales, familias eternas</a>” <em>Liahona</em>, junio de 2006, págs. 66–71</p>
<p><strong>El tesoro más importante de una madre</strong></p>
<p>Una buena y amorosa madre había fallecido, sin dejarles a sus valientes hijos y bellas ninguna herencia monetaria, sino que, en vez de ello, les dejó un rico legado de ejemplo, sacrificio y obediencia.  Después de que se hubieron pronunciado los elogios durante el funeral y se hubo efectuado la triste jornada al cementerio, los miembros adultos de la familia examinaron las escasas posesiones que la madre había dejado.  Louis descubrió una nota y una llave; la nota decía: “En el dormitorio de la esquina, en el cajón de debajo de mi cómoda, hay una cajita que contiene el tesoro de mi corazón.  Esta llave abrirá la caja”.  Uno de los hijos preguntó: “¿Qué pudo tener mamá que valiera tanto para tenerlo bajo llave?”  Una de las hermanas replicó: “Papá murió hace muchos años, y es muy poco lo que mamá ha tenido de las comodidades de este mundo”.</p>
<p>Sacaron la caja del lugar señalado en el cajón de la cómoda, y la abrieron con mucho cuidado con la ayuda de la llave. ¿Qué había dentro?  No había dinero, ni títulos de propiedades, ni anillos preciosos ni joyas.  Louis sacó una fotografía descolorida de su padre; en el reverso decía: “Mi querido esposo y yo fuimos sellados por esta vida y por toda la eternidad en la Casa del Señor, en Salt Lake City, el 12 de diciembre de 1891.”</p>
<p>Después fueron apareciendo fotografías individuales de cada uno de los hijos, las que tenían el nombre y la fecha de nacimiento al dorso.  Por último, Louis acercó a la luz una tarjeta para el “Día de los enamorados”, la cual reconoció como una que él había confeccionado.  Leyó las palabras que hacía sesenta años el había escrito con la letra inconfundible de un niño: “Querida mamá: te quiero”.</p>
<p>Los corazones se enternecieron, las voces acallaron y los ojos se humedecieron.  El tesoro de la madre era su familia eterna, cuya fortaleza se arraigaba en el cimiento del amor.</p>
<p>Thomas S. Monson, “El portal del amor”, <em>Liahona</em>, octubre de 1996, pág. 2</p>
<p><strong>Reassurance at Death of an Eternal Family</strong></p>
<p><strong>Tranquilidad en la muerte de una familia eterna</strong></p>
<p>Al meditar sobre estos asuntos tan delicados, no podemos menos que observar lo desvalido que es un niño recién nacido; no hay un ejemplo mejor de total dependencia.  La nutrición para el cuerpo y el amor para el alma son indispensables, y ambos los provee la madre.  La que con su mano en la mano de Dios descendió al “valle de sombra de muerte” (Salmos 23:4) para darnos la vida a nosotros no queda abandonada por Él en su misión materna.</p>
<p>Hace varios años, los periódicos de Salt Lake City publicaron la noticia de la muerte de una buena amiga mía, casada y con hijos, a quien la muerte arrebató en la flor de la vida.  Fui al funeral, en el que había una gran cantidad de personas que deseaban expresar sus condolencias al esposo y los niños, que estaban desconsolados.  De pronto, la más pequeña me reconoció, se acercó y me tomó de la mano.</p>
<p>“Venga”, me dijo, llevándome hasta el ataúd donde descansaba el cuerpo de su madre tan querida. “Yo no lloro, hermano Monson, y usted tampoco debe llorar.  Mi mamá me habló muchas veces de la muerte y de la vida con el Padre Celestial.  Yo soy de mi papá y de mi mamá, y algún día vamos a estar todos juntos otra vez”.</p>
<p>Con los ojos empañados por las lágrimas vi su hermosa sonrisa, llena de fe.  Para mi amiguita, cuya diminuta mano apretaba la mía, no habrá nunca un alba sin esperanza. Sostenidos por un testimonio inalterable, con la certeza de que la vida continúa más allá de la tumba, ella, su padre y sus hermanos, y sin duda todos los que como ellos tienen este conocimiento de la verdad divina, pueden declarar al mundo: “Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría” (Salmos 30:5).</p>
<p>Thomas S. Monson, “Una invitación a la exaltación”, <em>Liahona</em>, julio de 1988, pág. 53</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/474/%c2%bfque-piensan-los-mormones-acerca-de-las-familias' addthis:title='¿Qué piensan los mormones acerca de las familias?' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Citas de Thomas Monson sobre la reverencia</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Mar 2011 14:47:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las creencias mormonas incluyen la reverencia a Dios, a Jesucristo y al evangelio, así como a la vida y a todo lo que Dios nos ha dado.  Se les enseña a los niños que la reverencia no es sólo estar sentado con las manos en el regazo en la iglesia.  Ellos aprenden que la reverencia [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/430/citas-de-thomas-monson-sobre-la-reverencia' addthis:title='Citas de Thomas Monson sobre la reverencia' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
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			   </div><p>Las <a class="external_link_tool" href="http://es.thomasmonson.com/154/creencias-mormonas-jesucristo">creencias mormonas</a> incluyen la reverencia a Dios, a Jesucristo y al evangelio, así como a la vida y a todo lo que Dios nos ha dado.  Se les enseña a los niños que la reverencia no es sólo estar sentado con las manos en el regazo en la iglesia.  Ellos aprenden que la reverencia es el amor por Jesucristo.  La reverencia no es sólo para la iglesia.  Es una parte de la vida cotidiana a medida que vamos mostramos respeto y gratitud por el Salvador y Su Evangelio.  Las siguientes son citas de Thomas S. Monson, el profeta <a class="external_link_tool" href="http://www.allaboutmormons.com/blog_mormon_espanol.php">Mormón</a>, sobre el vivir una vida de reverencia y amor.<span id="more-430"></span></p>
<p><strong>Ayudando a los niños a ser reverentes</strong></p>
<p><a href="http://thomasmonson.com/wp-content/uploads/2010/06/mormon-teen-boys.jpg"><em> </em></a><em> </em><em><a href="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2011/03/mormon-teen-boys-240x300.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-431" src="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2011/03/mormon-teen-boys-240x300.jpg" alt="" width="240" height="300" /></a>Nota</em>: <em>La Primaria es una organización auxiliar dirigida a niños entre 18 meses y doce años de edad.</em></p>
<p>Un día de invierno recordé una experiencia de cuando yo era un niño de once años. Nuestra presidenta de la Primaria era una cariñosa señora de pelo gris.  Un día me pidió que me quedara a conversar con ella.  Los dos  nos sentamos en aquella capilla solitaria.  Ella me pasó el brazo por los hombros y comenzó a llorar. Sorprendido, le pregunté por qué lloraba, y ella me contestó: “No puedo conseguir que los niños de tu clase se mantengan reverentes durante los ejercicios de apertura, ¿quisieras tú ayudarme, Tommy?”  Le prometí que le ayudaría.  A mí me extrañó mucho, pero desde ese día se acabaron los problemas de reverencia en esa Primaria.</p>
<p>Ella se había dirigido al origen del problema; yo era la causa.  Y la solución había sido el amor.</p>
<p>Los años habían pasado; ella ahora tenía más de noventa años y vivía en un asilo de ancianos en el noroeste de la ciudad de Salt Lake.  Antes de Navidad decidí visitar a mi querida presidenta de la Primaria.  En la radio estaban tocando: “Escuchad el son triunfal de la hueste celestial” (<em>Himnos de Sión, </em>“Escuchad el Son Triunfal”, Núm. 44).  Recordé la visita de los reyes magos tantos años atrás.  Ellos llevaban de regalo oro, incienso y mirra.  Yo sólo llevaba mi amor y el deseo de decir “Gracias”.</p>
<p>Al llegar al asilo, la encontré en el comedor.  Miraba con ojos fijos la comida y la revolvía con el tenedor que sostenía su arrugada vieja mano.  No comía bocado. Cuando le hablé, me miró con ojos buenos pero indiferentes.  Yo tomé el tenedor y empecé a darle de comer en la boca mientras le hablaba de lo mucho que ella había ayudado a los niños cuando servía en la Primaria.  No recibí ni siquiera una mirada de reconocimiento, ni mucho menos una palabra.  Otras dos ancianas me miraban asombradas.  Por fin me dijeron: “¿Para qué le habla?  Ella no reconoce a nadie, ni siquiera a la familia.  No ha dicho una palabra en todos los años que ha estado aquí”.</p>
<p>Terminó el almuerzo y mi monólogo  también llegó a su fin.  Me puse de pie para marcharme.  Tomé su débil mano entre las mías, y las palabras del Maestro adquirieron un significado personal que yo nunca había percibido:</p>
<p>“Mujer, he ahí tu hijo”.  Y a su discípulo, dijo: “He ahí tu madre”.</p>
<p>Thomas S. Monson, “El portal del amor”, <em>Liahona</em>, enero de 1988, págs. 64–67.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Reverencia en el hogar</strong></p>
<p>“La primera y principal oportunidad de enseñar en la Iglesia yace en el hogar”, dijo el presidente David O. McKay. “El verdadero hogar <a href="http://es.fairmormon.org/Autenticidad_hist%C3%B3rica_del_Libro_de_Morm%C3%B3n" class="external_link_tool">mormón</a> es aquel en el que, si Cristo entrara, se sentiría complacido de quedarse y descansar”.</p>
<p>¿Qué estamos haciendo para lograr que nuestros hogares se acomoden a esa descripción?  No basta que únicamente los padres tengan un testimonio firme, puesto que los hijos no podrán depender para siempre de la convicción de los padres.</p>
<p>El amor por el Salvador, la reverencia por Su nombre y el sincero respeto de unos por otros constituirán el fértil suelo para que crezca un testimonio.</p>
<p>El aprender del Evangelio, dar testimonio y guiar a una familia, no son tareas fáciles.  La jornada de la vida se caracteriza por los obstáculos que encontramos en el camino y la turbulencia de nuestros tiempos.</p>
<p>Thomas S. Monson, “Distintivos de un hogar feliz”, <em>Liahona</em>, octubre de 2001, pág. 3.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Reverencia a través del servicio a Dios</strong></p>
<p>Demostramos nuestro amor mediante la forma en que servimos a nuestro Dios.  Recuerden cuando el profeta José Smith fue a ver a John E. Page y le dijo: “Hermano Page, ha sido llamado para cumplir una misión en Canadá”.</p>
<p>El hermano Page, buscando desesperadamente una excusa, le respondió: “Hermano José, no puedo ir a Canadá; no tengo un abrigo que ponerme”.</p>
<p>El Profeta se quitó su propio abrigo y se lo dio a John Page diciéndole: “Use éste y el Señor le bendecirá”.</p>
<p>John Page fue a Canadá a cumplir su misión.  En dos años recorrió una distancia de unos ocho mil kilómetros y bautizó a seiscientos conversos.  El éxito que tuvo se debió a que aprovechó la oportunidad que se le presentó de servir a Dios.</p>
<p>Thomas S. Monson, “Cómo podemos demostrar amor”, <em>Liahona</em>, febrero de 1998, pág. 3.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Reverencia a través del testimonio de Jesucristo</strong></p>
<p>Asombro me da el amor que me da Jesús, el amor que da a todos.   Pienso en el amor que demostró en Getsemaní; pienso en el amor que demostró en el desierto; pienso en el amor que demostró en la tumba de Lázaro; en el amor que demostró en el calvario del Gólgota; en el sepulcro abierto, y también en el momento en que apareció en aquella arboleda sagrada con Su Padre y habló aquellas inolvidables palabras a José Smith.  Doy gracias a Dios por Su amor al entregar en sacrificio a Su Hijo Unigénito en la carne, Jesucristo, por todos nosotros.  Doy gracias al Señor por el amor que demostró al ofrecer Su vida, a fin de que pudiésemos tener vida eterna.</p>
<p>Jesús es más que un maestro, es el Salvador del mundo; él es el Redentor de la humanidad; es el Hijo de Dios.  Él nos mostró el camino.  Recordemos que Jesús llenó Su mente con la verdad, Jesús llenó Su vida con el servicio, Jesús llenó de amor Su corazón.  Si seguimos ese ejemplo, jamás escucharemos esas palabras de censura que provienen de las parábolas.  Nunca nos encontraremos con que nuestra lámpara está vacía; nunca seremos considerados siervos inútiles; y nunca se nos dirá que no hemos sido fructíferos en el Reino de Dios.  En cambio, si seguimos con esmero las partes de esta fórmula y literalmente llenamos nuestra mente con la verdad, llenamos nuestra vida con el servicio al prójimo y llenamos de amor nuestro corazón, quizás algún día seamos dignos de oír las palabras de nuestros Salvador: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).</p>
<p>Thomas S. Monson, “La fórmula del éxito” <em>Liahona</em>, agosto de 1995, pág. 3.</p>
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		<title>Thomas S. Monson comparte historias sobre el diezmo</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Mar 2011 05:07:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cada miembro de la Iglesia debe contribuir con un diez por ciento de su ingreso, tal como lo manda la Biblia.  Thomas S. Monson comparte algunas historias favoritas de la gente que obedeció el mandamiento, incluso cuando era difícil. “Todos podemos pagar diezmos.  En realidad, ninguno de nosotros puede permitirse no pagarlos.  El Señor fortalecerá [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/409/thomas-s-monson-comparte-historias-sobre-el-diezmo' addthis:title='Thomas S. Monson comparte historias sobre el diezmo' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
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			   </div><p>Cada miembro de la Iglesia debe contribuir con un diez por ciento de su ingreso, tal como lo manda la Biblia.  Thomas S. Monson comparte algunas historias favoritas de la gente que obedeció el mandamiento, incluso cuando era difícil.<span id="more-409"></span></p>
<p><a href="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2011/03/bishop-tithing-mormon-300x196.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-410" src="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2011/03/bishop-tithing-mormon-300x196.jpg" alt="" width="300" height="196" /></a>“Todos podemos pagar diezmos.  En realidad, ninguno de nosotros puede permitirse no pagarlos.  El Señor fortalecerá nuestra resolución y nos abrirá el camino para cumplirla.</p>
<p>Deseo compartir con ustedes una carta que recibí hace unos meses, la que proporciona un buen ejemplo de ello.  La carta comienza:</p>
<p>“Vivimos en las afueras de un pequeño pueblo; nuestro vecino usa nuestro campo para el pastoreo de su ganado y nos paga con toda la carne que necesitamos para comer.  Cada vez que recibimos carne fresca todavía tenemos algo de la anterior en reserva y puesto que somos miembros de un barrio de estudiantes, les llevamos algo de carne a algunos estudiantes que la podrían usar.</p>
<p>Cuando mi esposa servía en la presidencia de la Sociedad de Socorro, su secretaria era la esposa de un estudiante y madre de ocho hijos.  Su esposo Jack acababa de ser llamado como secretario del barrio.</p>
<p>“Mi esposa siempre oraba para poder saber quiénes entre los estudiantes tenían más necesidad de recibir nuestra carne extra. Cuando me dijo que creía que debíamos darles carne a Jack y a su familia, a mí me preocupó mucho que los ofendiéramos y a ella también.  Ambos estábamos preocupados porque sabíamos que eran una familia muy independiente.</p>
<p>“Pocos días después, mi esposa sintió que debía llevarles carne y yo, no sin vacilación, consentí en acompañarla.  Cuando les entregamos la carme, a mi esposa le temblaban las manos y yo me sentía muy nervioso.  Los niños nos abrieron la puerta y cuando se enteraron a qué íbamos, comenzaron a saltar de alegría.  Los padres se mostraron algo discretos pero muy amigables.  Al regresar a casa, mi esposa y yo nos sentíamos aliviados y contentos de que hubieran aceptado nuestro regalo.</p>
<p>“Meses más tarde, nuestro amigo Jack relató lo siguiente en una reunión de testimonio.  Dijo que durante toda su vida le había resultado difícil tener que pagar los diezmos.  Teniendo una familia tan numerosa, necesitaban todo el dinero que les era posible ganar.  Cuando empezó a trabajar como secretario del barrio, vio que todos los demás pagaban los diezmos y reconoció que también él debía hacerlo.  Así lo hizo durante un par de meses hasta que se le presentó un problema.  En su trabajo le pagaban cada tantos meses y podía percibir que su familia iba a estar corta de fondos.  Él y su esposa decidieron entonces confiar el caso a sus hijos.  Si no los pagaban, tendrían lo suficiente para comer hasta que recibieran su próxima paga.  Jack quería comprar alimentos, pero los niños querían que se pagaran los diezmos.  Por tanto, Jack pagó los diezmos y todos se pusieron a orar.</p>
<p>“Unos días después de haber pagado los diezmos, nosotros les llevamos el paquete de carne, con la cual, además de lo que tenían, solucionaron su problema”.</p>
<p>Thomas S. Monson, “Sé ejemplo de los creyentes”, <em>Liahona</em>, enero de 1997, pág. 49.</p>
<p>Alguien que aprendió bien la lección de la obediencia, que encontró la fuente de la verdad, fue un hombre bondadoso y sincero, de circunstancias y medios modestos.  Se había convertido a la Iglesia en Europa y, con ahorro diligente y con sacrificio, había inmigrado a Norteamérica, una nueva tierra, con un idioma extraño y costumbres diferentes, pero la misma Iglesia bajo el liderazgo del mismo Señor en quien él confiaba y al que obedecía.  Lo llamaron como presidente de rama de un pequeño rebaño de santos que enfrentaba dificultades en una ciudad poco amistosa.  Aunque los miembros eran pocos y las tareas muchas, él aplicó el programa de la Iglesia, dando además a los miembros de la rama un ejemplo verdaderamente cristiano; y ellos le respondieron con un amor raramente visto.</p>
<p>Se ganaba la vida como artesano; sus medios eran limitados, pero siempre pagó un diezmo íntegro y donaba más que eso; comenzó en su rama un fondo misional y había épocas en que durante varios meses seguidos él era el único contribuyente.  Cuando había misioneros en la ciudad, se encargaba de alimentarlos y nunca salieron de su casa sin una buena donación para su obra y para su bienestar personal.  Los miembros de la Iglesia provenientes de localidades distantes que pasaban por la ciudad y visitaban la rama siempre disfrutaban de su hospitalidad y de la calidez de su espíritu, y seguían su viaje sabiendo que habían conocido a un hombre singular, uno de los siervos obedientes del Señor.</p>
<p>…El hecho de que un hombre pobre diera por lo menos el doble de la décima parte al Señor, en forma constante y gozosa, ofrecía una perspectiva más clara del verdadero significado del diezmo.  El verlo ministrar al hambriento y dar refugio al extraño le hacía comprender a uno que él daba lo mismo que hubiera dado al Maestro.  La oportunidad de orar con él y de ser partícipe de su confianza en la intercesión divina era tomar parte en un medio nuevo de comunicación.</p>
<p>Thomas S. Monson, “Cómo hallamos fortaleza por medio de la obediencia”, <em>Liahona</em>, octubre de 2009, pág. 2.</p>
<p>Gustavo Wacker era oriundo de Alemania y hablaba inglés con pronunciado acento.  Jamás compró un auto ni manejó uno.  Tenía el oficio de barbero.  Su máxima satisfacción en el trabajo era tener el privilegio de cortarle el pelo a un misionero; jamás les cobraba; más aún, metía la mano en el bolsillo y daba a los misioneros todo lo que hubiera recibido de propinas ese día.  Si estaba lloviendo, como sucede allí con frecuencia, el presidente Wacker llamaba un taxi para los misioneros, mientras él, al terminar su trabajo, cerraba el negocio y se iba caminando a su casa bajo la lluvia.</p>
<p>Conocí a Gustavo Wacker cuando noté que el diezmo que pagaba excedía en mucho la décima parte de sus posibles entradas.  Escuchó atentamente mis esfuerzos por explicarle que el Señor no requiere más del diez por ciento como diezmo, pero no se convenció; me respondió sencillamente que le encantaba dar al Señor todo lo que podía.  Esto llegaba casi a la mitad de sus ingresos; su buena esposa compartía su manera de pensar, y ambos continuaron este singular pago de diezmos durante su vida laboral.</p>
<p>Thomas S. Monson, “Etiquetas”, Conferencia General de octubre de 1983.</p>
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		<title>Thomas S. Monson habla acerca de su esposa</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Mar 2011 05:00:53 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Historias]]></category>

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		<description><![CDATA[Thomas S. Monson, actual profeta de los mormones, ha estado casado con Frances Monson desde su juventud.  Con frecuencia disfruta contar historias sobre ella.  A continuación algunas historias sobre sus años juntos: En un baile para la clase de primer año en la Universidad de Utah, yo estaba bailando con una joven cuando a nuestro [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/406/thomas-s-monson-habla-acerca-de-su-esposa' addthis:title='Thomas S. Monson habla acerca de su esposa' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
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			   </div><p><a href="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2011/03/thomas-monson-mormon-212x300.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-407" src="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2011/03/thomas-monson-mormon-212x300.jpg" alt="" width="212" height="300" /></a>Thomas S. Monson, actual profeta de <a class="external_link_tool" href="http://religionmormona.com/">los mormones</a>, ha estado casado con Frances Monson desde su juventud.  Con frecuencia disfruta contar historias sobre ella.  A continuación algunas historias sobre sus años juntos:<span id="more-406"></span></p>
<p>En un baile para la clase de primer año en la Universidad de Utah, yo estaba bailando con una joven cuando a nuestro lado pasó bailando otra señorita cuyo nombre era Francés Johnson, a quien yo desconocía en ese momento.  Con una sola mirada me bastó para saber que me gustaría ser presentado a ella.  Pero ella se alejo bailando y no la vi sino hasta después de tres meses.  Un día, mientras esperaba el ómnibus en una esquina de la ciudad, levanté la vista y no pude creer lo que veía.  Allí estaba la joven que había visto bailando en el salón de la universidad, y estaba parada junto a otra joven y a un muchacho a quien reconocí como un antiguo compañero de escuela.  Lamentablemente no podía acordarme de cómo se llamaba; pero tenía que tomar una decisión y pensé: “Esta decisión requiere valor. ¿Qué debo hacer?”  En mi corazón reconocí el valor de aquella frase que dice: “Cuando llega el momento de la decisión, ya ha pasado el tiempo de la preparación”.</p>
<p>Me paré lo más derecho que pude, reuní mi valor y me dirigí hacia mi oportunidad.  Me acerqué al muchacho y le dije: “¡Hola, mi viejo amigo de los años de escuela!” El me saludó diciendo: “No recuerdo tu nombre”.  Se lo dije y él me dijo el suyo, y luego me presentó a la joven que más adelante llegaría a ser mi esposa.  Aquel día hice una anotación en mi agenda para visitar a Francés Beverly Johnson y así lo hice; esa decisión fue una de las más importantes que he tomado en mi vida.  Los jóvenes que están en ese tiempo particular de sus vidas tienen la responsabilidad de tomar decisiones semejantes.  Tienen la responsabilidad enorme de elegir con quién casarse&#8230; no elegir solamente con quién salir a pasear.</p>
<p>El élder Bruce R. McConkie dijo: “No hay nada más importante que casarse con la persona indicada, en el momento apropiado y en el lugar en que se debe hacer mediante la autoridad competente”.  Esperamos que vosotros evitéis los noviazgos demasiado breves.  Es importante que cada uno de vosotros conozca bien a la persona con la cual se piensa casar, que haya seguridad de que cada uno está buscando la misma senda teniendo los mismos objetivos presentes.</p>
<p>Thomas S. Monson, “Las decisiones determinan el destino”, <em>Liahona</em>, octubre de 1980, pág. 30.</p>
<p>La primera vez que vi a Frances supe que había encontrado a la persona indicada.  Más tarde, el Señor nos juntó, y le pedí que saliera conmigo.  Fui a su casa para recogerla, y cuando me presentó, su padre dijo: “‘Monson’, ése es un apellido sueco, ¿no es así?”</p>
<p>Le dije: “Sí”.</p>
<p>Él contestó: “Muy bien”.</p>
<p>Entonces fue a otra habitación y trajo una fotografía de dos misioneros con sombrero de copa y sus ejemplares del Libro de <a class="external_link_tool" href="http://maxwellinstitute.byu.edu/publications/translations/?id=3">Mormón</a>.</p>
<p>“¿Tiene algún parentesco con este Monson?”, dijo, “¿Elias Monson?”</p>
<p>Le dije: “Sí, es el hermano de mi abuelo; él también fue misionero en Suecia”.</p>
<p>El padre de ella lloró, cosa que hacía con facilidad, y dijo: “Él y su compañero fueron los misioneros que enseñaron el Evangelio a mis padres, a todos mis hermanos y hermanas, y a mí”.  Me besó en la mejilla, tras lo cual la madre lloró y me besó en la otra mejilla; miré a mi alrededor en busca de Frances, que dijo: “Iré a buscar el abrigo”.</p>
<p>Hace unos años, mi adorada Frances sufrió una grave caída; estuvo hospitalizada y permaneció en coma durante dieciocho días.  Yo permanecí a su lado, sin mover un músculo.  Los niños lloraron, los nietos lloraron, y yo lloré.  Permanecía totalmente inmóvil.</p>
<p>Entonces un día abrió los ojos y yo batí el récord de velocidad para llegar a su lado; le di un beso y un abrazo y le dije: “Has vuelto; te amo”.  Ella respondió: “Yo también te amo, Tom, pero tenemos serios problemas”.  Pensé: ¿Qué sabes tú de problemas, Frances? Me dijo: “Olvidé poner en el correo el pago de los impuestos del último trimestre”.</p>
<p>Le dije: “Frances, si me lo hubieras dicho antes de que me dieras el beso y me dijeras que me amabas, tal vez te hubiera dejado aquí”.</p>
<p>Hermanos, tratemos a nuestra esposa con dignidad y respeto; ellas son nuestras compañeras eternas.  Hermanas, honren a su marido; ellos necesitan oír buenas palabras; necesitan una sonrisa amigable; necesitan una cálida expresión de verdadero amor.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/LI_2008_05___02285_002_000.pdf">Abundantemente bendecidos</a>”, <em>Liahona</em>, mayo de 2008, págs. 111 – 112.</p>
<p>Doy gracias a mi Padre Celestial por Frances, mi dulce compañera.  En octubre próximo ella y yo celebraremos 60 maravillosos años de casados.  A pesar de que mi servicio en la Iglesia empezó cuando era muy joven, ella jamás se ha quejado cuando he salido de casa para asistir a reuniones o para cumplir una asignación.  Durante muchos años, mis asignaciones como miembro de los Doce hacían que con frecuencia me ausentara de Salt Lake City—a veces por cinco semanas— dejándola sola para cuidar de nuestros hijos pequeños y nuestro hogar.  Desde que fui llamado como obispo a los 22 años, raras veces hemos tenido el lujo de sentarnos juntos durante un servicio de la Iglesia.  No podría haber pedido una compañera más leal, amorosa y comprensiva.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/LI_2008_05___02285_002_000.pdf">El mirar hacia atrás y seguir adelante</a>”, <em>Liahona</em>, mayo de 2008, págs. 87-90</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/406/thomas-s-monson-habla-acerca-de-su-esposa' addthis:title='Thomas S. Monson habla acerca de su esposa' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>El mormonismo en Alemania</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Dec 2010 06:05:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Alemania ha tenido una historia difícil, y los relatos de la iglesia en Alemania están llenos de momentos de oración, inspiración, profecía y servicio.  A continuación se presenta unas historias narradas por el profeta mormón, Thomas S. Monson, sobre el crecimiento y la obra de la iglesia en Alemania. El mormonismo alemán después de la [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/223/el-mormonismo-en-alemania' addthis:title='El mormonismo en Alemania' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
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			   </div><p>Alemania ha tenido una historia difícil, y los relatos de la iglesia en Alemania están llenos de momentos de oración, inspiración, profecía y servicio.  A continuación se presenta unas historias narradas por el profeta <a class="external_link_tool" href="http://lds.org/languages/gospeldoctrine/bookofmormon/start_here_2.pdf">mormón</a>, Thomas S. Monson, sobre el crecimiento y la obra de la iglesia en Alemania.<span id="more-223"></span><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>El <a class="external_link_tool" href="http://mormonismopuro.blogspot.com/">mormonismo</a> alemán después de la guerra</strong></p>
<p><a href="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2010/11/temple-in-germany1-150x150.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-224" src="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2010/11/temple-in-germany1-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Utilizando las palabras de una canción popular me gustaría que ustedes pudieran “volar conmigo” a Alemania Oriental, país que he visitado en numerosas ocasiones.  No hace mucho, al viajar por la autovía, iba recordando una ocasión de hace treinta y cinco años cuando, en esa misma carretera, vi camiones llenos de soldados y policías con armas.  Por todos lados había perros atados que ladraban furiosamente y las calles estaban llenas de informadores.  En esa época, la llama de la libertad había menguado y estaba vacilante; se había edificado un muro ignominioso y la cortina de hierro —el telón de acero— se había bajado; casi se había perdido toda esperanza.  Pero la vida, la preciada vida, continuaba con fe, no dudando en nada.  Se requirió una espera paciente; una firme confianza en Dios caracterizaba la vida de todo Santo de los últimos Días por aquel entonces.</p>
<p>Cuando fui por primera vez a visitar a los que estaban al otro lado del muro, los santos vivían en una época de temor y luchaban por poder cumplir con sus responsabilidades.  Noté la expresión de desesperanza que cubría los rostros de muchos de los transeúntes, pero en los de nuestros miembros se reflejaban bellas expresiones de amor. Nos reunimos en un edificio de Görlitz que tenía muchos agujeros causados por los proyectiles durante la guerra, pero cuyo interior reflejaba el amoroso cuidado de nuestros líderes, quienes habían reparado y limpiado lo que de otro modo hubiera sido un edificio en ruinas y sucio.  La Iglesia había sobrevivido tanto a la Guerra Mundial como a la guerra fría que sobrevino después.  El canto de los santos les reanimaba el alma.</p>
<p>Me conmovió profundamente su sinceridad; me sentí agobiado ante su pobreza. ¡Tenían tan poco!  Me quedé apesadumbrado al saber que no tenían un patriarca; tampoco tenían barrios ni estacas, sólo ramas; no podían recibir las bendiciones del templo, como la investidura y los sellamientos; no habían tenido un visitante oficial de la Iglesia en mucho tiempo; se les prohibía salir del país.  Aún así, confiaban en el Señor con todo su corazón y no se apoyaban en su propia prudencia; reconocían al Señor en todo y Él los dirigía.  Me acerqué al púlpito y con lágrimas en los ojos y la voz temblorosa por la emoción, hice a ese pueblo una promesa: “Si permanecen firmes y fieles a los mandamientos de Dios, recibirán todas las bendiciones que los miembros de la Iglesia gozan en otros países del mundo”.</p>
<p>Esa noche, al darme cuenta de lo que les había prometido, me arrodillé y oré, diciendo: “Padre Celestial, estoy a Tu servicio; ésta es Tu Iglesia.  He pronunciado palabras que no procedían de mí, sino de Ti y de Tu Hijo.  Por lo tanto, te suplico que cumplas la promesa que he hecho a estas nobles personas”. En ese momento, me vinieron a la memoria las palabras de Salmos: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”.  Pero se les requirió la celestial virtud de la paciencia.</p>
<p><strong>Templo en Alemania</strong></p>
<p>Poco a poco se cumplió la promesa.  Primeramente, se ordenaron patriarcas, luego se les enviaron manuales de lecciones; se organizaron barrios y estacas; se construyeron capillas y centros de estaca, que después se dedicaron.  Luego, ocurrió el más grande de los milagros: nos dieron permiso para construir un templo al  Señor, que fue diseñado, construido y dedicado.  Finalmente, después de cincuenta años de negarles el permiso, permitieron que los misioneros regulares entraran en esa nación y que los jóvenes de allí pudieran ir a cumplir misiones en otras partes del mundo.  Así, al igual que el muro de Jericó, el Muro de Berlín también cayó y se restituyó la libertad, con sus correspondientes responsabilidades.</p>
<p>Cada parte de esa maravillosa promesa hecha treinta y cinco años atrás se cumplió, excepto una: la pequeña ciudad de Görlitz, donde se les había hecho la promesa, aún no tenía su propia capilla.  Pero hoy en día incluso ese sueño se ha convertido en realidad.  El edificio fue aprobado y construido y llegó el día de la dedicación.  Mi esposa y yo, junto con el élder Dieter Uchtdorf y su esposa, tuvimos una reunión para dedicar esa capilla; en ella se cantaron las mismas canciones de hace treinta y cinco años.  Los miembros se daban cuenta del significado de esa reunión que marcaba el pleno cumplimiento de la promesa.  Todos lloraban al cantar.  La canción de los justos había sido realmente una oración para el Señor y Él la había contestado con una bendición sobre la cabeza de ellos.</p>
<p>Al terminar la reunión, no queríamos retirarnos.  Cuando lo hicimos, notamos las manos elevadas en señal de despedida y escuchamos las palabras: <em>“Auf Wiedersehen, auf Wiedersehen; </em>para siempre Dios esté con vos”.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/Sep2002Liahona002.pdf">La paciencia, una virtud celestial</a>”, Liahona, setiembre de 2002, págs. 2-7</p>
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		<title>Historias acerca de mormones alemanes</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Dec 2010 06:00:21 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El presidente Monson, el líder de los mormones, ha hecho muchos viajes a Alemania.  En las siguientes citas, él comparte algunas historias de los miembros fieles de la iglesia, quienes viven en Alemania y han tomado con frecuencia el liderazgo de la iglesia como uno de los mayores desafíos. Pruebas que indican Dios se preocupa [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/221/historias-acerca-de-mormones-alemanes' addthis:title='Historias acerca de mormones alemanes' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
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			   </div><p><a href="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2010/11/Thomas-S-Monson-mormon-225x300.jpg"><img class="alignright size-thumbnail wp-image-227" src="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2010/11/Thomas-S-Monson-mormon-225x300-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>El presidente Monson, el líder de <a class="external_link_tool" href="http://laiglesiamormona.com/">los mormones</a>, ha hecho muchos viajes a Alemania.  En las siguientes citas, él comparte algunas historias de los miembros fieles de la iglesia, quienes viven en Alemania y han tomado con frecuencia el liderazgo de la iglesia como uno de los mayores desafíos.<span id="more-221"></span></p>
<p><strong>Pruebas que indican Dios se preocupa por nosotros</strong></p>
<p>Permítanme ilustrar esto con una atesorada experiencia personal.  Durante muchos años, mis asignaciones me llevaron a esa parte de Alemania que se encontraba detrás de lo que se llamaba la Cortina de Hierro.  Bajo el control comunista, las personas que vivían en esa región de Alemania habían perdido casi todas sus libertades; se restringieron las actividades de los jóvenes y se vigilaban todos sus movimientos.</p>
<p>Poco después de asumir mis responsabilidades en esa región, asistí a una conferencia muy especial efectuada en aquella parte de Alemania.  Después de los himnos de inspiración y de la palabra hablada, sentí la impresión de reunirme brevemente afuera del viejo edificio con los estimados jovencitos, quienes eran relativamente pocos, pero que escuchaban cada una de mis palabras; tenían hambre de recibir la palabra y el aliento de un apóstol del Señor.</p>
<p>Antes de asistir a la conferencia y de partir de los Estados Unidos, sentí la inspiración de comprar tres paquetes de goma de mascar; la compré de tres sabores: de menta, de menta verde y de frutas. Al concluir la reunión con los jóvenes, di meticulosamente a cada uno de ellos dos barritas de goma de mascar, algo que nunca habían probado y que recibieron con gozo.</p>
<p>Pasaron los años. Regresé a Dresde, el sitio de aquella conferencia. Ya contaban con capillas; la gente era libre; tenían un templo. Alemania ya no estaba separada por barreras políticas, sino que se había convertido en una sola nación. Esos jóvenes ya eran adultos que tenían sus propios hijos.</p>
<p>Tras una larga e inspiradora conferencia, una madre y su hija me buscaron para hablar conmigo. La hija, que tenía más o menos la edad de ustedes, y que hablaba algo de inglés, me dijo: &#8220;Presidente Monson, ¿recuerda que hace mucho se reunió unos momentos con unos jóvenes después de una conferencia de distrito y que dio a cada uno dos barritas de goma de mascar?&#8221;.</p>
<p>Respondí: &#8220;Sí; lo recuerdo muy bien&#8221;.</p>
<p>Ella agregó: &#8220;Mi madre fue una de las que recibió su regalo. Ella me contó que había dividido una de las barritas en varias partes; mencionó su dulce sabor y cómo las atesoró&#8221;. Luego, con la sonrisa de aprobación de su querida madre, me entregó una cajita. Al abrirla, vi la otra barrita de goma de mascar, aún con el envoltorio, después de casi veinte años. Luego dijo: &#8220;Mi madre y yo queremos regalarle esto&#8221;, dijo.</p>
<p>Se derramaron lágrimas, seguidas de abrazos.</p>
<p>La madre se dirigió a mí: &#8220;Antes de que usted viniera a nuestra conferencia hace tantos años, yo le había suplicado a mi Padre Celestial que me hiciera saber que Él de verdad se preocupaba por mí. Guardé ese obsequio a fin de que pudiese recordar y enseñar a mi hija que nuestro Padre Celestial sí escucha nuestras oraciones&#8221;.</p>
<p>Esta noche tengo ese obsequio ante ustedes, que es un símbolo de fe y de seguridad de la ayuda celestial que nuestro Padre y Su Hijo Jesucristo les brindarán.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-267-40,00.html">Caminos hacia la perfección</a>”, Conferencia General de abril de 2002.</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/221/historias-acerca-de-mormones-alemanes' addthis:title='Historias acerca de mormones alemanes' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Relatos de la historia familiar de Thomas S. Monson</title>
		<link>http://es.thomasmonson.com/207/relatos-de-la-historia-familiar-de-thomas-s-monson?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=relatos-de-la-historia-familiar-de-thomas-s-monson</link>
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		<pubDate>Wed, 01 Dec 2010 05:40:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>
		<category><![CDATA[La vida de Thomas S. Monson]]></category>
		<category><![CDATA[genealogia]]></category>
		<category><![CDATA[historia familiar]]></category>
		<category><![CDATA[profeta mormon]]></category>

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		<description><![CDATA[A Thomas S. Monson, profeta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros son a veces llamados mormones, le encanta contar historias, y algunos de sus relatos favoritos son de sus propios ancestros. A continuación se presentan tres historias que ayudaron a dar forma a su vida. Mis bisabuelos [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/207/relatos-de-la-historia-familiar-de-thomas-s-monson' addthis:title='Relatos de la historia familiar de Thomas S. Monson' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
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						</div>
			   </div><p>A <a href="../../../../../biografia">Thomas S. Monson</a>, profeta de <a href="http://es.mormonwiki.com/La_Iglesia_de_Jesucristo_de_los_Santos_de_los_Ultimos_Dias">La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días</a>, cuyos miembros son a veces llamados <a class="external_link_tool" href="http://www.mormonesnegros.com/">mormones</a>, le encanta contar historias, y algunos de sus relatos favoritos son de sus propios ancestros. A continuación se presentan tres historias que ayudaron a dar forma a su vida.</p>
<p>Mis bisabuelos maternos, Gibson y Cecelia Sharp Condie, vivían en Clackmannan, Escocia. Sus familias trabajaban en las minas de carbón. Ellos estaban en paz con el mundo, rodeados de parientes y amigos, y vivían en casas bastante cómodas en una tierra que amaban. Después escucharon el mensaje de los misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y se convirtieron en lo más profundo de su alma. Escucharon el llamado de congregarse en Sión, y supieron que debían responder a él.<span id="more-207"></span></p>
<p>Alrededor de 1848, vendieron sus posesiones y se prepararon para la peligrosa travesía a lo largo del gran Océano Atlántico. Con cinco hijos pequeños, abordaron un barco, llevando todas sus posesiones en un pequeño baúl. Recorrieron cuatro mil ochocientos kilómetros durante ocho largas y pesadas semanas sobre un mar traicionero, alertas y anhelosos, con comida de mala calidad, agua insalubre y ninguna otra ayuda más allá de lo largo y lo ancho de aquella pequeña embarcación.</p>
<p>En medio de esa difícil situación, enfermó uno de sus hijitos. No había doctores, ni tiendas donde pudieran comprar medicina para aliviar su sufrimiento. Velaron, oraron, esperaron y lloraron, a medida que la situación del niño se deterioraba con el paso de los días. Cuando finalmente la muerte le cerró los ojos, los padres quedaron con el corazón desgarrado. Lo que incrementó su angustia fue que las leyes del mar se debían obedecer. El pequeño cuerpo, envuelto en una lona con pesas de hierro, quedó consignado a una sepultura en el mar. Al alejarse en el barco, sólo aquellos padres supieron el enorme dolor que llevaban en su herido corazón. Sin embargo, con una fe nacida de su profunda convicción de la verdad y de su amor por el Señor, Gibson y Cecelia perseveraron. Encontraron consuelo en las palabras del Señor: “…en el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”.</p>
<p>¡Cuán agradecido estoy por antepasados que tuvieron la fe para dejar su hogar y trasladarse a Sión, que hicieron sacrificios que apenas me puedo imaginar! Le doy gracias a mi Padre Celestial por el ejemplo de fe, valor y determinación que Gibson y Cecelia Sharp Condie nos brindaron a mí y a toda su posteridad.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-1038-28,00.html">Sed de buen ánimo</a>”, Conferencia General de abril de 2010.</p>
<p>El padre de mi madre, el abuelo Thomas Condie, me enseñó también una impactante lección que incluía también al anciano Bob, que llegó a nuestra vida de una forma interesante.  Era viudo y tenía más de ochenta años cuando iban a demoler la casa en la que alquilaba un cuarto. Yo lo escuché contarle a mi abuelo su triste situación mientras estábamos los tres sentados en el viejo columpio del porche de mi abuelo.  Con voz desconsolada, le dijo a mi abuelo: “Señor Condie, no sé qué hacer; no tengo familia ni adónde ir, y tengo muy poco dinero”, y yo me pregunté qué le contestaría el abuelo.</p>
<p>Seguimos columpiándonos y el abuelo metió la mano en el bolsillo y sacó una vieja billetera de cuero, de la cual, en respuesta a mis insaciables ruegos, había sacado monedas varias veces para que me comprara alguna golosina.  Pero en esa ocasión sacó una llave y se la entregó al anciano Bob.</p>
<p>Con ternura dijo: “Bob, aquí tienes la llave de la casa contigua, que es mía.  Tómala y traslada allí tus cosas.  Quédate todo el tiempo que quieras.  No tienes que pagar alquiler</p>
<p>ni nadie te va a dejar en la calle otra vez”.</p>
<p>Bob se emocionó y las lágrimas le corrieron por las mejillas y se perdieron en su larga barba blanca.  El abuelo también se emocionó.  Yo no dije palabra, pero ese día la estima que tenía por mi abuelo creció enormemente y me sentí orgulloso de tener su mismo nombre.  Aunque era sólo un niño, esa lección ha tenido una poderosa influencia en mi vida.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/churchmagazines/LI_2007_06_00786_002_000_00.pdf">Ejemplos de grandes maestros</a>”, <em>Liahona</em>, junio de 2007, págs. 74-80</p>
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		<title>Thomas S. Monson narra historias sobre el servicio de los adolescentes</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Sep 2010 23:29:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias]]></category>
		<category><![CDATA[jóvenes]]></category>
		<category><![CDATA[servicio]]></category>

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		<description><![CDATA[Thomas S. Monson, el profeta mormón, quiere mucho a los adolescentes.  A menudo narra historias que nos muestran que los adolescentes son maravillosos, a pesar de los esfuerzos frecuentes de la prensa por demostrar lo contrario.  También le gusta mostrar a los adultos cómo los jóvenes pueden ser influidos por las experiencias edificantes y los [...]<div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='http://es.thomasmonson.com/176/thomas-s-monson-narra-historias-sobre-el-servicio-de-los-adolescentes' addthis:title='Thomas S. Monson narra historias sobre el servicio de los adolescentes' ><a class="addthis_button_facebook"></a><a class="addthis_button_twitter"></a><a class="addthis_button_meneame"></a><a class="addthis_button_sonico"></a><a class="addthis_button_tuenti"></a><a class="addthis_button_email"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
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			   </div><p>Thomas S. Monson, el profeta <a class="external_link_tool" href="http://www.losmormones.org/">mormón</a>, quiere mucho a los adolescentes.  A menudo narra historias que nos muestran que los adolescentes son maravillosos, a pesar de los esfuerzos frecuentes de la prensa por demostrar lo contrario.  También le gusta mostrar a los adultos cómo los jóvenes pueden ser influidos por las experiencias edificantes y los sabios líderes.  A continuación se presentan algunas de sus historias sobre los adolescentes.<span id="more-176"></span></p>
<p><em>Un servicio sin asignar</em></p>
<p><a href="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2010/09/thomas-monson-mormon-212x300.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-177  align right" src="http://es.thomasmonson.com/wp-content/uploads/2010/09/thomas-monson-mormon-212x300-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>(Nota: El sacerdocio <a href="http://www.losmormones.org/" class="external_link_tool">mormón</a> para los varones comienza a los doce años.  El sacerdote presbítero, que se menciona aquí, no es como un sacerdote católico. Más bien, se trata de un nivel de sacerdocio que un hombre joven puede alcanzar a los dieciséis años de edad.  Un deber de estos sacerdotes adolescentes es decir una oración para bendecir el pan y el agua sacramental (similar a la comunión).  El joven de esta historia tendría muy probablemente dieciséis o diecisiete años de edad).</p>
<p>Albert Schweitzer, el notable teólogo y médico misionero, declaró: “No sé cuál será su destino, pero una cosa sí sé: los únicos entre ustedes que serán realmente felices son aquellos que han buscado y han encontrado la manera de servir”.<!--more--></p>
<p>Fui testigo de un acto de servicio un domingo que asistí a la reunión sacramental de una pequeña rama conformada por pacientes de un asilo de ancianos.  La mayoría de miembros eran personas de edad avanzada y en cierta medida incapacitadas.  Durante la reunión, una hermana dijo en voz alta, “¡Tengo frío! ¡Tengo frío!”  Sin dudarlo un instante, uno de los presbíteros que se encontraba en la mesa sacramental se levantó y se acercó a esta hermana, se quitó su propia chaqueta, la colocó sobre sus hombros, y luego regresó a sus funciones en la mesa sacramental.</p>
<p>Después de la reunión, este joven se acercó y me pidió disculpas por haber bendecido el sacramento sin su chaqueta.  Con tranquilidad, le dije que nunca había estado más apropiadamente vestido que ese día en el que una apreciada viuda estaba acongojada por el frío y él le proporcionó el calor que necesitaba al colocar su chaqueta sobre sus hombros. ¿Un simple acto de bondad? Sí, pero mucho más que eso: un verdadero amor y preocupación por los demás.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/ldsorg/v/index.jsp?hideNav=1&amp;locale=0&amp;sourceId=bf2cdd48c4a6b110VgnVCM100000176f620a____&amp;vgnextoid=024644f8f206c010VgnVCM1000004d82620aRCRD">Three Gates Only You Can Open</a>,” <em>New Era</em>, agosto de 2008, págs. 2–6</p>
<p><em>Proyectos de servicio</em></p>
<p>Mi mensaje a los hombres y mujeres jóvenes de la Iglesia es comenzar ahora a aprender en su juventud el gozo del servicio en la causa del Maestro.</p>
<p>Poco después del día de Acción de Gracias hace algunos años, recibí la carta de una viuda a quien yo había conocido en la estaca en que serví en la presidencia.  Ella acababa de regresar de una cena patrocinada por su obispado.  Sus palabras reflejan la paz que sentía y la gratitud que llenaba su corazón:</p>
<p>“Querido Presidente Monson,</p>
<p>“Estoy viviendo ahora en Bountiful.  Extraño a la gente de nuestra antigua estaca, pero déjeme contarle la maravillosa experiencia que he tenido.  A principios de noviembre todas las viudas y las personas de edad recibimos una invitación para ir a una cena.  Nos dijeron que no nos preocupáramos por el transporte ya que estaría a cargo de los jóvenes mayores del barrio.</p>
<p>“A la hora señalada, un joven muy agradable tocó el timbre y me llevó junto a otra hermana al centro de estaca.  Detuvo el auto, y otros dos jóvenes caminaron con nosotros hasta la capilla.  Desde allí un grupo de mujeres jóvenes nos llevó a un lugar en el que dejamos nuestros abrigos, y después al salón cultural, donde nos sentamos y esperamos durante unos minutos. Luego nos llevaron a las mesas, donde un hombre o una mujer joven nos indicaban nuestro asiento.  Después nos sirvieron una hermosa cena por Acción de Gracias y luego nos ofrecieron un programa de elección.</p>
<p>“Después del programa nos dieron un postre, ya sea pastel de manzana o de calabaza.  Entonces nos regresamos, pero al salir nos dieron una bolsa de plástico que contenía un pavo en tajadas y dos rollos.  Finalmente los hombres jóvenes nos llevaron a casa.  Fue una noche agradable y encantadora.  La mayoría de nosotros derramó una lágrima por el amor y el respeto que nos mostraron.</p>
<p>“Presidente Monson, cuando las personas jóvenes tratan a los demás como estos jóvenes lo hicieron, siento que la Iglesia está en buenas manos”.</p>
<p>Reflexioné sobre mi relación con esta adorable viuda, ahora envejecida pero siempre sirviendo al Señor.  Vino a la mente las palabras de la epístola de Santiago: “La <a title="GEE Caridad." href="http://scriptures.lds.org/es/james/1/27a">religión</a> pura y sin mácula delante de Dios el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (<a href="http://scriptures.lds.org/es/james/1/27">Santiago 1:27</a>).</p>
<p>Añado mi propio elogio: Dios bendiga a los líderes, los jóvenes y las mujeres jóvenes que desinteresadamente traen tanta alegría a las personas solitarias y esa paz para sus almas.  A través de su experiencia, ellos han aprendido el significado del servicio y sintieron la cercanía del Señor.</p>
<p>Thomas S. Monson, “<a href="http://www.lds.org/ldsorg/v/index.jsp?hideNav=1&amp;locale=0&amp;sourceId=8fef31f3db7e3210VgnVCM100000176f620a____&amp;vgnextoid=024644f8f206c010VgnVCM1000004d82620aRCRD">The Joy of Service</a>,” <em>New Era</em>, octubre de 2009, pág. 2–6</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Cambiando los corazones a través del ejemplo</em></p>
<p>Una amiga me contó una experiencia que tuvo hace muchos años cuando era una adolescente.  En su barrio había una jovencita que se llamaba Sandra, quien había sufrido una lesión al nacer, lo que le ocasionó cierta forma de discapacidad mental.  Sandra anhelaba ser parte del grupo con las otras muchachas, pero lucía discapacitada y actuaba como discapacitada; la ropa nunca le quedaba a la medida; a veces hacía comentarios imprudentes.  Aunque Sandra asistía a las actividades de la Mutual, la maestra era siempre la que tenía que acompañarla y tratar de hacerla sentir bienvenida y valorada, pues las jóvenes no lo hacían.</p>
<p>Entonces ocurrió algo: una nueva jovencita de la misma edad se mudó al barrio.  Nancy era una muchacha agradable, pelirroja, segura de sí misma y popular que se integraba fácilmente.  Todas las jóvenes querían ser sus amigas, pero Nancy no limitaba sus amistades.  De hecho, se esforzó por ser amiga de Sandra y asegurarse de que se la incluyera en todo.  A Nancy parecía agradarle Sandra de verdad.</p>
<p>Naturalmente, las demás muchachas lo notaron y empezaron a preguntarse por qué nunca habían procurado la amistad de Sandra; ahora, eso no sólo parecía ser aceptable, sino deseable.  Con el tiempo, empezaron a darse cuenta de lo que Nancy les estaba enseñando con su ejemplo: que Sandra era una valiosa hija de nuestro Padre Celestial, que tenía algo que aportar y que merecía que se le tratara con amor, bondad y una actitud positiva.</p>
<p>Un año después, cuando Nancy y su familia se mudaron del vecindario, Sandra era integrante permanente del grupo de jovencitas.  Mi amiga dijo que, desde entonces, ella y las otras jóvenes se aseguraron de que a nadie se le excluyera, sin importar lo que la hiciera ser diferente.  Habían aprendido una lección eterna y valiosa.</p>
<p>Thomas S. Monson, “Tengan valor”, <em>Liahona</em>, mayo de 2009, págs. 123–27</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Servicio anónimo</em></p>
<p>En la República Democrática Alemana tuve oportunidad de reunirme con un puñado de miembros en un pequeño cementerio.  Fue en una noche obscura, en el marco de una fría llovizna que había estado cayendo durante todo el día.  Estábamos allí reunidos ante el sepulcro de un misionero que muchos años atrás había muerto mientras cumplía una misión para el Señor.  La ocasión se vio engalanada por el más respetuoso silencio.  Gracias a la luz de una linterna que iluminaba la lápida, pude leer la siguiente inscripción:</p>
<p>En memoria del misionero de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días</p>
<p>Joseph A. Ott</p>
<p>Nació el 12 de diciembre de 1870 en Virgen City, Utah</p>
<p>Murió el 10 de enero de 1896 en Dresde</p>
<p>Dedicado por sus hermanos en la fe</p>
<p>Entonces me di cuenta de que este sepulcro era diferente a los demás del cementerio.  La lápida de mármol estaba pulida, no había malezas en el césped cuyos bordes estaban inmaculadamente cortados, y también había flores que hablaban a las claras de un cuidado muy especial.  Pregunté quién había arreglado el lugar, mas lo único que obtuve como respuesta fue un pronunciado silencio.</p>
<p>Por fin un diácono de doce años indicó que había querido hacer tal obra sin que se lo pidieran ni sus padres ni sus líderes.  Dijo que sólo quería hacer algo por un misionero que dio su vida mientras estaba en el servicio del Señor.  Le agradecí, y luego pedí a todos los que estaban presentes que salvaguardarán ese secreto, para que su dádiva pudiera permanecer anónima</p>
<p>Thomas S. Monson, “No lo digas a nadie”, <em>Liahona</em>, diciembre de 1989, pág. 2.</p>
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